Saturday, January 9, 2016

8 de enero 2016

Somoto, Nicaragua.

Hotel Pan Americano: 200 córdobas/persona. Reviews: Le robaron como 90 Euros a un turista mientras iba al cañón. Camino al portón, entro, hablo con la señora: pasamos.
Hotel El Rosario: al otro lado del parque. Busco la compañía de electricidad. Nunca la veo. Encuentro el hotel. 500 córdobas/persona.
Cruzo la calle, hay otro hostal. Hostal Sinaí. Sale la muchacha que ayuda con la limpieza: 500 córdobas, pero hable con la señora, me dice. Hablo con la señora. "Cama matrimonial o dos camas?" Da lo mismo. Ambas opciones: 500 córdobas por la habitación por la noche.
Vuelvo al hostal horrible que vimos al entrar por primera vez. Ahora está abierto. Dos muchachas sonríen. Una está al teléfono. 7 USD por persona por noche en dormitorio compartido con otras 2 o 4 personas. Incluye cocina, wi-fi, ducha compartida.
Camino un poco más.
Hotel Colonial. Calcomanías de todo tipo de tarjeta de crédito afuera. Con sólo ese nombre, ya todo está mal. Déjeme revisar cómo es la cosa en un hotel colonial. Pienso: graffiti con "de" antes y todo estaría mejor. 3 tipos de ofertas. Regateos, tours, combinaciones. Matemática rápida: 60 USD y vamos al cañón, dormimos una noche y salimos con el maccombo hotelero más rápido del lugar.
Paso.

Llevo rato de estar lejos de Jime. Vuelvo al parque que ofrece wi-fi gratis para avisarle en lo que estoy.
"Tengo una noticia que a usted le va a encantar"
Acampar es gratis en otro lugar.
"1 cuadra al este de la Policía Municipal"
ok - voy, camino, bajo, ¿¿adónde putas es la policía municipal??
Se me cruza un muchacho con camisa azul de colegio.
¡Ah, no! El escudo al lado dice justo lo que ando buscando. Claramente le pregunto.
"¿Va para allá usted?"
Le digo que si lo puedo acompañar. "bueno...si le molesta que lo acompañe, tal vez me deje seguirlo" (sin matarme es lo que no le digo. inevitablemente me causan miedo)
Una conversación amena le rompe la seriedad. Sonríe más bonito ese hombre de lo que deja ver su forzada seriedad.
"el entrenamiento de policía yo no me lo desearía"
4 años internados en Managua "con salida los sábados nada más"
Una lista de cuadra y media me dicta todos los rangos a los que puede aspirar.
El orden, la jerarquía, los sistemas de dominación.
Yo sólo quería saber adónde queda el famoso "Bambú".
Él mismo no sabe. Inventa. Luego se corrige. Luego se devuelve. Llegamos a la policía (casi, porque a media cuadra antes se deshace de mí).
Un compañero le ayuda. Bien fácil me guía.
Salgo a la carretera panamericana.
Los hoteles u hospedajes que quedaban quedan al lado de la carretera.
No sólo no hay camping gratis; deberían pagarme para quedarme en ese lugar.
Al lado, en Solentiname le llaman, el perro me asusta apenas al entrar.
Con un perro amarrado que ya está histérico, mis energías repudian fácilmente la opción.

y bueno. A mi esposa le preocupa que ya va a anochecer.
Desde siempre he querido ser esa mujer valiente que se atreve a confiar.
Ya alguien me lo había dicho antes y hace dos días tuve el recordatorio de nada más pedirle a alguien que nos deje usar su jardín.
Camino un poco más. Me quedo sin opciones. A alguien le tengo que preguntar.
Subiendo la cuesta, de nuevo por los borrachos que ya me dedicaron toda su vida muy molestamente a la bajada, hay una señora robusta con una niña en brazos.
Me mando.
La vida es para agarrarla y ver qué nos da.
"Usted no sabe de alguien que nos pueda prestar el jardín para acampar?"
es todo lo que hacía falta decir.
de aquí en adelante, mi corazón le pertenece eternamente a Doña Lidia.
La matrona, matriarca, madre, ceiba, fuerza, luna, loba robusta de este lugar.
El corredor de su casa, de tierra y oscuro, es como el patio íntimo de toda la vecindad.
Niñxs, hombres, mujeres, muchachas, muchachos, borrachos...
Todes entran y salen "como Pedro por su casa".
Me regreso al parque a recoger a mi esposa. Siempre con el miedo de que la oferta haya expirado.
Desde afuera, sólo se veían gallinas ir y venir.
La advertencia está en pie, eso junto con la nota de que se acuerde que casarse conmigo viene con el paquete de no saber en qué nos voy a meter.
Ella sonríe y me sigue amable.
El recordatorio es mío de la dicha que tengo que ella haya querido arriesgar su vida a mi lado.
Entramos.
Un hombre nos espera. El hermano mayor de unos 70.
Platicamos.
Nos sacan sillas de plástico sobre la tierra que compone la sala. Cuadros en las paredes de marcos bien viejos con fotos de personas que ya no veo alrededor.
Doña Lidia aparece con dos tazas de café.
La vergüenza a partir de aquí también acelera.
"¿Dónde ponemos la tienda antes de que anochezca?"
No hay tal cosa. Ella nos limpió 2 camas en su propio cuarto.
En la cocina, una mujer mucho mayor. Ella va a dormir con nosotras.
Salimos a comprar algo para comer. A uno de los chicos me lo robo, aunque bien se ofreció a venir conmigo insistentemente, para ir a la pulpería a ver qué ocupaba Doña Lidia de comer.
Aceite por 40 córdobas, un refresco gaseoso de 3 litros, una bolsa de arroz, 12 huevos y no sé qué más.
Por primera vez en muchísimo tiempo me obligo a oler y comer huevo a la par de mi plato de frijoles y arroz.
La señora mayor en la cocina también es viajante. También está aquí una noche. También cayó inesperadamente. También comparte el cuarto de 3 camas en la noche con nosotras.
Pocas veces he usado la palabra espléndida.
Con la familia de doña Lidia, no puedo más que recalcarlo.
Esta noche me dejó conversaciones tan educadoras que no pude conciliar el sueño.
Mi vida constantemente se re-formula. Y a la vez para nada.

El hijo mayor con todos los hombres de la casa se van en "la arrastra".
Tal vez para mañana domingo en la tarde hayan llegado al lugar hacia el cual salieron hoy en la madrugada.
Paso por la sala y un tele se prende.
Pensé que era fútbol y le iba a seguir recto.
Algo me extraña y me siento a ver baseball.
Tigres de Chinandega contra los Gigantes de Rivas. Debería ir con Rivas, porque venimos de ahí.
Voy y a la vez no, porque con costo me logro acatar de las jugadas que me emocionan.
La verdad es que el partido fue una manera no intencional de ganarme conversación con quien no me dirigía mucha atención antes; el hijo mayor de la amable señora.
Y con eso me gané una conversa entre 3 varones mayores.
Que con Somoza estaban mucho mejor.
La vida en la costa.
La diferencia entre miskitos, sumos, creoles y mestizos.
Nos acostumbramos a decir diferencias, pero pronto le buscamos los beneficios y las similitudes.
Se me aclaran mil cosas, inclusive sobre nuestros propios puertos y deficiencias.
Entre más hablamos, de costa a costa repasando lo social, cultural, político y religioso del país, más me confirmo que Costa Rica no está para estar tan separada.
Centroamérica misma no está para estar tan tremendamente seccionada.
Me llevo unas buenas 3 horas de conversación intensa. Mi necedad y ansias la empatan personas con una mente sumamente abierta.
Comida compartida nos une cada vez más rápido y hoy cuando se fueron, un pedazo mío se va con ellos.
He ido al baño un par de veces desde que estamos acá. Bien si es de hueco patrocinado por la Iglesia Luterana, me da menos asco que muchos otros de mi propia comunidad costarricense.
La casa en la que estamos es todo un barrio a lo interno.
Un rótulo al lado dice "Aldeas S.O.S. de Nicaragua".
El humo del fogón se me mete por la nariz a las 3 de la mañana mientras las palmeadas me dejan con el sin sabor de saber que no hay manera que estas manos, que bien tengo dos que podrían ayudar, no conocen lo suficiente de tradición en la vida como para poder ayudar.
Llevo los ojos ciertamente abiertos.
Tal vez hasta ahora comprendo por qué en la noche duermo en una cama individual con ojos de lechuza.
Tengo demasiado que internalizar, muchísimo que meditar y aún más que apreciar.
La vida sigue siendo buena con nosotras y seguimos amando este lugar.


Thursday, January 7, 2016

6 de enero 2016

Llegaron 12 hoy en total.
Mi esposa - que no es de teatro, pero que es más de teatro que yo, a veces - guió la mayor parte de la sesión.
Después del calentamiento iba según yo a colaborar con el trabajo sobre las escenas. 
Eso es lindo planearlo, pero lo que los métodos no explican es que en cualquier momento los perros que insistieron en caminar con nosotras a la comunidad tienen todo derecho a su instinto animal.
Se venía la parte más "chiva".
El momento que llevábamos esperando ingenuamente por días.
Y de repente la Pacha y la Gordita necesitaron ponerse a cazar.
En media sesión mientras Simón decía cosas al son de los antojos de lxs niñxs, 
la Pachamama destazaba con sus caninos lo que su hija flaquita logró alcanzar.
Para una vegetariana el ver a un par de perras comerse viva una gallina (o dos) es un acto paralizante.
La acción-reacción llega algo tarde.
Observo-asimilo-anticipo-actúo:
¿Cómo putas las voy a parar?
El acto es público mientras niñxs, padres y madres ven a la gallina poco a poco dejar de cacarear desgalilladamente.
Mi acto más violento es agarrarlas del pellejo del pescuezo.
Es muy curioso, porque la animal en todo esto siento que soy yo.
Con las miradas a la expectativa, siento que cualquier fallo, miedo o acto de cobardía rápidamente se multiplicaría.
Arrastro a las perras fuera del lugar mientras mi esposa retoma la actividad.
No sé cómo se explica en teatro perderse un final porque dos perras tienen derecho a su instinto animal.
Para cuando regreso de la casa, alrededor de media hora ha pasado en lo que voy y vuelvo.
Suficiente apenas para perderme el cierre final. 
Lo que me queda en la vida es una lección que dudo algún libro me enseñe jamás.
Eso y el cálido recuerdo del abrazo colectivo de un grupo de niñxs que me esperaba al regresar.

Dejo Tichaná con el corazón enternecido.
Siento como si mis sentimientos de humildad, agradecimiento y confianza en la vida se refrescaron y van recién bañados conmigo.
Es curioso; yo pensaba que a eso me dedicaba todos los días de mi vida.

Tichaná me enseña que hay aún muchísima más paz a la mitad del pozo.

Anoche Noe, Tomah, Jime y yo conversábamos desde la tarde hasta la cena. 
Recién regresados de Managua, se desintoxicaban de las pequeñas colonizaciones de la vida citadina.
Hoy, en el bus de 4:30 de la mañana, el shampoo del inglés vecino me despierta, aparte de ciertas resistencias, los ahora recuerdos de lo que anoche compartimos.

Las casas que antes me parecieron "rurales" al entrar a este lugar ahora parecen el Best Western de mi amada Tichaná.

Tuesday, January 5, 2016

5 de enero

"Al segundo día le llegan más" nos dijo ayer sabiamente un niño de 15.
Hoy, justo, es su cumpleaños.
Lejos de la escuela o colegio, ya él está en plena libertad de escoger su camino de vida.
Por acá y por allá me pregunta cosas sobre nuestra vida.
"¿Has visto el mar?" le pregunté el otro día. 
Donde él me dice que lo ha visto,
Aunque bien ha viajado mucho para llegar ahí, no ha terminado su isla todavía.
Ya en Managua desde el primer día intentó asimilar lecciones que me han dado de vida.
Tenemos la necia tendencia a comparar a manera de comprender.
¡Cuánta libertad vislumbro si llegamos a crearnos el hábito de apreciar las cosas, gente, lugares y sabores sólo por lo que son y no en comparación con lo que conocemos hasta ese día!
Sé que con la noción de libertades hay muchos engaños más en fila.

Hoy José María reivindicó al ladrón de Figueres Olsen. 
Este era igual de chiquito, pero en su escaso medio metro cabían más luz y sonrisas de las ir muchas veces he visto en todo un auditorio lleno de adultos formales bañados en etiqueta.

Para el día 2 de nuestra sesión tuvimos 2 niñxs.
De 2 pasamos a 4.
De 4 llegamos pronto a 6.
De 6 escalamos a 8.
Con 8 pasamos el día.

Tengo una mezcla de sentimientos terrible.

Las carcajadas de estxs niñxs es imposible valorarlas numéricamente.
Es como si sus risas en grupo corriendo por el lugar me inyectaran el corazón intravenosamente.
Dicho en términos más cotidianos, es como si su alegría me llegara por wi-fi directo a la aorta.
Esas pulsadas de amor, inocencia, disposición y voluntad se mezclan con una serie de esperanza, soledad, ingenuidad y talento.
La sola sonrisa constante de José María basta para levantarle el ánimo a todo el grupo.
No hacen falta cronómetros; los descansos, las pausas y la duración de los ejercicios van de la mano con su propio y genuino aguante.
No creo que hayan pasado 30 minutos antes de sentir los famosos abrazos a las rodillas. 
Conforme cerramos el trabajo, las vergüenzas se han soltado, los ánimos persisten y la gente reprograma.
A ver que nos depara mañana.

Mientras tanto, mi carrera se pone a prueba minuciosa y profundamente.
Sin el teatro comunitario, no creo que la cosa tenga mayor sentido para mí.
Sin el trabajo "de campo", se pueden quemar las horas de aula, pupitre, piso y ensayo. 
Cada vez que he estado tras telones o en cabina valen un cinco si no puedo lograr dejar algo que en algo a ellxs les fortalezca. 
6 actuaciones me dejan lejos de actuar confiada y tranquilamente en un teatro y ninguna clase de comunitario me deja hoy con un sinsabor enorme sobre el énfasis que estamos trabajando. 
Un poco de todo...
Un poco de todo.
La cosa es cómo, en esto, vamos mejorando.

Monday, January 4, 2016

4 de enero

hoy les quedamos cortas
MUY cortas.

una comunidad como éstas no se emociona por jugar estos juegos europeos inglesitos de mierdas que inventar.

necesitamos hablar de algo más nuestro
algo más nuestro
algo más…..

¿qué?

me hacen falta los libros
me hace falta la experiencia
no sé si me hacen falta las herramientas

definitivamente aquí algo más hay que inventar
o encontrar
o elaborar.

algo
juntes
tenemos que descifrar.

después de una sesión fallida, empezamos por dialogar. 
sí quieren saber, aprender, conversar, conocer, intentar.
no sobre lo de ellxs.
no sobre lo blanco hegemónico y aquello que hemos encontrado.
mañana pretendo aún más asincerar.
preguntar.
indagar.
ver por dónde podríamos re-formular.

nos fuimos a caminar
mi esposa quería una catarata
el chico, amable, nos quiso llevar.
subimos y subimos y subimos
quizás unas cuatro horas caminamos sin parar. 
llegamos a una catarata que bien podría parecer un chorrito de manguera mal gastado. 
no estamos en invierno. 
no sé qué pensábamos encontrar.

yo aprendí.
sobre la represa que nutre este lugar.
químicos, sembradíos, tierra bajo un sol sin la menor sombra en mucho lugar.
al bajar, tras quince minutos de triunfo para poder volver a caminar, 
encontramos unas piedras. 
escondidas en ellas
en piedras que bien me superaran si estuviese en zancos
piedras enormes
piedras magníficas
“petroglifos” le dice el mae
“de nuestros ancestros”
y el terreno, sin excavar,
sin siquiera notar
le pertenece a un carlos coronel.
“no es lo mismo carlos coronel que coronel carlos” le digo
no comprendo cómo podemos ver esto en la tierra y ni siquiera pensar en excavar.
o no sé si es mejor, lejos de hurgar, honrar con el pesar. 

3 de enero

Es un privilegio poder estar acá.
Cuando me hacía ideas, desde pequeña a adulta, sobre el lago de Nicaragua, jamás contemplé que pudiese ser este oasis de paz tan increíble. 
¡Son magníficas las ironías de la vida!

Cada día me siento a mirar el sol;
Un rato en la mañana, 
un rato en la tarde. 
las energías son distintas y los alivios también. 

Hace dos días salimos a recorrer el pueblo. 
Me ha costado un poco acostumbrarme a llamar “pueblo” a una serie de casas a ambos lados de una carretera. 
El sesgo claramente es mío y no el de esta amable comunidad.
La arquitectura, aprendo, es secundaria a lo que nos da la hermandad.

Creo que las olas de este lago habrían desvelado a Van Gogh. 
Las garzas que aprendí a pintar en clases de escuela ahora completan la romántica imagen con el esplendor de su dinámico pasar. 
Nunca pinté garzas blancas al lado de las negras, pero aquí he aprendido a asimilar la naturalidad de su clara igualdad. 
Los congos piden agua y una suave y ligera lluvia rápido se las da. 
A los chanchos, las chanchas y sus bebés les comienzo a concebir como si fueran una especie de perrx más. 
Las múltiples dádivas de la tierra cada día nos dan de comer. 
Desde arroz a frijoles, menta, albahaca y miel;
nunca he voluntariado más feliz que cuando rasgué la mala yerba de una mata de maracuyá. 
Maracúya le dicen acá. 
Lejos de preguntar por qué, a mí me alegra escuchar una distinta musicalidad para las mismas palabras a 20 kilómetros del país que se supone que es mi hogar. 

La responsabilidad es mucha de saber que la gente viene porque una vino a visitar. 
Recibir visitas de la nada que no vienen sino a estar. 
Aquí no hacen falta los motivos ni las justificaciones. 
Los miedos infligidos de saber que se espera de mí algún saber.
La mayoría de las veces encuentro mi mente tan de occidente tratando de razonar bajo los mismos parámetros que siempre le habían funcionado. 
Aquí mi sobrina podría encontrar miles de luciérnagas mientras cae el atardecer, pero no andamos cámara alguna que capte el reflejo de su luz sobre las piedras.

Monk y Coltrane, tan apropiados para momentos de aislamiento como éstos, se sienten a veces como un sacrilegio a un agua que no se para de mover. 
A veces me siento a preguntarme si el atardecer hoy se bañará de anaranjado o no. 
Y cuento, 
cuento…
y cuento...
Finalmente a veces el amarillo deja de aparecer. 

He pasado del insomnio a dóciles noches de 9 horas de sueño seguidas. 
He pasado de la cerveza a ni siquiera querer comer. 
He pasado de los vicios a la pura limpieza con el sólo hecho de ser.

Amanezco ahora con ansias de agua.
Queriendo nadar.
Queriendo que llegue la noche para poder descansar. 

He vuelto a apreciar el valor de una siesta, 
la comida en una jícara,
una nueva lectura vital y esencial. 

El cambio de año pareciera una mera coincidencia.
Como si el mundo entero existiera en meridianos y paralelos muy lejos de aquí. 
No me siento parte del mundo. 
A la vez, me siento más de la Tierra de lo que en otras ocasiones he logrado estar. 
Alejarnos de estos lugares se sigue viendo como algo muy conveniente. 
Quizás por eso nos vigilan sigilosa y constantemente.
Aparatos vuelan y luces aparecen.
Mientras tanto, aquí no pasa un sólo alma. 
Kilómetros seguidos de tierra y agua a la vista y a la redonda.
Desde hace 4 días he visto únicamente una panga en remos y una única lancha. 

lxs niñxs del pueblo se niegan a nadar. 
Esta soledad que tanto me extraña en la costa que es mi balcón lleva toda una historia de tradición oral. 
¡Finalmente! ¡Es sobre esto de lo cual se hablaba en libros!
Y ahora comprendo por qué no se divulga. 
Por qué no se publica. 
Por qué no existe. 

Rápidamente recuerdo que mi mejor interacción son el silencio y la escucha. 
Gracias a estos oídos mi visión va cambiando. 
Yo diría, quizás, “evolucionando”. 
En vez de ir para adelante, 
siento que voy de nuevo para atrás a manera de seguir avanzando.
Vuelvo a lo simple para regresar a la riqueza de lo nuestro.

Yo realmente no sé lo que sea de mi vida ahora o en 2 años. 
No sé qué será de mí después de mañana.
Lo que sí sé es que estar en estos lados me hace sentir acompañada.
Es como si de alguna manera haya sido siempre bien escuchada. 

Mañana comparto un "taller de teatro”.
“Vamos a jugar un rato” es lo que les he dicho.
Con el corazón en la mano, lo único que espero es poder retribuirles tanto.

Thursday, December 31, 2015

Tichaná - Ometepe, Nicaragua

31 de diciembre 2015

Tichaná nos recibe con el sol a la derecha y un amanecer a la izquierda. 
Eso de las direcciones aquí poco importa. 
Nuestra tierra originaria la vemos ahora desde el otro lado. 
Este lago de conflicto se convierte en un lugar armonioso de profunda paz.

Varias veces me despierto en la noche.
Acostumbrarse a la intemperie sin que sea amenazante le cuesta un cierto trabajo a mi cuerpo.
cada vez
cada vez que me despierto, es para recordarme que puedo disfrutarlo.

Miro hacia abajo
al lugar de mis pies
todo eso como un primer impulso.

La vida bella lo que me retribuye es un lago que no para de vibrar
de sonar
de brillar bajo estas estrellas que no he visto jamás tan intensamente como llegando a estos lugares “recónditos” de Ometepe.

Cada estrella aquí pareciera ser más brillante.
Todas ellas me recuerdan cada luz que se ha apagado.
Y las conexiones entre todas se hacen cada vez más cercanas.

Pienso así en mi Latinoamérica.
Tan comúnmente ignorada,
Desechada,
Menospreciada...

Y ella brilla.
Fugazmente.
Para quienes la miran desde las ciudades,
quizás estemos siempre nublades.
Para quienes recuerdan mirarla seguido, 
sin duda alguna una u otra estrella y maravilla aparecerá de vez en cuando.
Para quienes tenemos la fortuna de perdernos en ella,
Latinoamérica vibra tan fuerte como las estrellas de esta bella Tichaná.

No sé qué admiro más y constantemente;
si el lago, su sonido, su color o su brillo.
Si las ceibas (que son ceibos), sus familias y todo su abrigo.
O si meramente su gente que nos abre las puertas sin un prejuicio al frente. 

Desde que llegamos a Nicaragua nos preocupamos más cada vez por sentirnos lejos de dejarla.
Desde que llegamos acá nos sorprende cómo avanza el calendario de lento cuando hemos vivido tanto.
Desde que viajamos entre gente, inevitablemente se nos ha ido abriendo - aún más - el corazón y la mente. 

Hemos recibido lecciones profundas de vida en escasos 3 días. 
Bueno, que ahora son 4. 
La cuenta, como las direcciones, la he ido perdiendo. 
Tengo una sensación como si no hubiese bus que nos pudiese llevar lo suficientemente lejos.
A la vez, hay quienes tienen la percepción que estamos considerablemente adentro. 

Llevamos hambre.
Sed.
Ganas.
Ilusiones e intuiciones.

A la fecha, Nicaragua lo único que nos ha dejado es un baúl lleno de puras bendiciones.

Friday, December 4, 2015

de alas cabnales



¡qué rico!
cambiar los gafetes por comida,
la ropa formal por zapatos a la entrada
las sillas y mesas por petates sobre piso.
¡qué rico!
hablar de sentires y no de pensares
conectarse con une a manera de comunión
formar círculos de convivencia
y no paneles de prepotencia.
¡qué delicia!
escucharse en vez de presentarse
abrazarse en vez de insultarse
entregarse en vez de imponerse.

el manejo de presupuestos
la exclusividad de las entradas
la formalidad de las ponencias

la epidemia de la academia:
reclamamos cambios
re-creamos ámbitos

si pudiéramos realmente trabajar desde las comuniones
a manera de formar las mismas uniones

¡Cuánta gente no comería
se alegraría
compartiría

y crecería!