Thursday, December 31, 2015

Tichaná - Ometepe, Nicaragua

31 de diciembre 2015

Tichaná nos recibe con el sol a la derecha y un amanecer a la izquierda. 
Eso de las direcciones aquí poco importa. 
Nuestra tierra originaria la vemos ahora desde el otro lado. 
Este lago de conflicto se convierte en un lugar armonioso de profunda paz.

Varias veces me despierto en la noche.
Acostumbrarse a la intemperie sin que sea amenazante le cuesta un cierto trabajo a mi cuerpo.
cada vez
cada vez que me despierto, es para recordarme que puedo disfrutarlo.

Miro hacia abajo
al lugar de mis pies
todo eso como un primer impulso.

La vida bella lo que me retribuye es un lago que no para de vibrar
de sonar
de brillar bajo estas estrellas que no he visto jamás tan intensamente como llegando a estos lugares “recónditos” de Ometepe.

Cada estrella aquí pareciera ser más brillante.
Todas ellas me recuerdan cada luz que se ha apagado.
Y las conexiones entre todas se hacen cada vez más cercanas.

Pienso así en mi Latinoamérica.
Tan comúnmente ignorada,
Desechada,
Menospreciada...

Y ella brilla.
Fugazmente.
Para quienes la miran desde las ciudades,
quizás estemos siempre nublades.
Para quienes recuerdan mirarla seguido, 
sin duda alguna una u otra estrella y maravilla aparecerá de vez en cuando.
Para quienes tenemos la fortuna de perdernos en ella,
Latinoamérica vibra tan fuerte como las estrellas de esta bella Tichaná.

No sé qué admiro más y constantemente;
si el lago, su sonido, su color o su brillo.
Si las ceibas (que son ceibos), sus familias y todo su abrigo.
O si meramente su gente que nos abre las puertas sin un prejuicio al frente. 

Desde que llegamos a Nicaragua nos preocupamos más cada vez por sentirnos lejos de dejarla.
Desde que llegamos acá nos sorprende cómo avanza el calendario de lento cuando hemos vivido tanto.
Desde que viajamos entre gente, inevitablemente se nos ha ido abriendo - aún más - el corazón y la mente. 

Hemos recibido lecciones profundas de vida en escasos 3 días. 
Bueno, que ahora son 4. 
La cuenta, como las direcciones, la he ido perdiendo. 
Tengo una sensación como si no hubiese bus que nos pudiese llevar lo suficientemente lejos.
A la vez, hay quienes tienen la percepción que estamos considerablemente adentro. 

Llevamos hambre.
Sed.
Ganas.
Ilusiones e intuiciones.

A la fecha, Nicaragua lo único que nos ha dejado es un baúl lleno de puras bendiciones.

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