Thursday, February 4, 2016

1 a 3 de febrero

La vida es maravillosa.

un cajero nos robó la única plata que teníamos apartada para el resto del viaje.

Obviemos que llevábamos dos días parqueadas en Flores esperando a que esos fondos se descongelaran.

Gracias.

Salimos temprano contando con el dinero y, al retirarlo del banco, el cajero se queda con todos los billetes. Justo cuando pensábamos que salíamos de la zozobra de llegar a casi no tener desayuno asegurado, resulta que se nos dificultan los almuerzos y cenas hasta nuevo aviso."Aaaah sí, ¡no! eso nos suele pasar con nuestros clientes!" le responde la cajera de la sucursal a mi esposa con enorme descaro ante su amplísima ineficiencia.

No vale la pena perder un hígado por unos papeles. A la vez, en medio del capitalismo, sin esos papelitos de colores sellados por los bancos no hay manera de montarse a un bus, pagarse comida, quedarse en un hotel o casi que respirar en la vida. Entonces las cosas se complican un poco. Mi esposa se estresa, yo trato de serenarme en medio del sinsentido de las cosas y...¡bueh! las experiencias surgen.

Buscar wi-fi gratis cuando cientos de redes continuas son protegidas en comercios con múltiples claves con egoístas números. Cuando llegue a casa lo primero que pienso hacer es ponerle nombre al nuestro que lo ofrezca si a alguien le sirve. Hacer el reclamo con el banco. Encontrar manera de irnos. Calmarnos, porque ya el dinero es plata perdida y ahora la cosa es ver qué hacemos.

Eso es justo lo que buscamos. Qué putas hacemos.

Número tras número encontramos maneras de serenarnos la salida de la isla.

Dos boletos a 130 cada uno para salir a Ciudad de Guatemala. No sabemos adónde dormir ni qué ir a hacer. Empezamos a usar redes. Algunas de gente conocida, otras de gente por conocer.

"Llevemos momento a momento" es lo único que sé que me funciona en este mundo.

Segundo a segundo, momento a momento, gratitud ante la carencia y con fe en la abundancia, la vida nos fue llevando. No se construye con estrés sobre el pasado ni con ansias sobre el futuro. Se arregla un poquito con gratitud por la confianza del bienestar del presente. No tener dinero es meramente eso, pero es un lejano equivalente a la falta de bienestar de ambxs.

Ratito a ratito, avanzaron las horas. Con confianza ciega ante la bolsa, logramos bus tras otro y comida tras comida. Terminamos 3 de enero durmiendo en Santa Ana de El Salvador. Tomamos ride, compramos comida cuando la ocupamos a punta de puros trucos de una tarjeta de débito u otra, peleamos con taquilleros de compañías de buses tratando de librarnos de innecesarias estafas, pero, sobre todo, nos resignamos mucho. Muchísimo. Respiramos. Abrazamos la vida. Y seguimos caminando. Porque eso es lo único que queda. Sentirse al final del barril sin fondo y decir "pero ¡puta!, si el capitalismo me ha jodido inexplicablemente de nuevo". El único antídoto es seguir creyendo en la magia de quienes no creemos en eso.

No sabemos cómo, pero llegamos a la frontera. 13 quetzales era el sobrante. Un bus hasta nos pagó un segundo bus para poder hacer el transbordo. Todo eso sin pedirlo. ¿Pedir ride? más allá de un bucket list es una necesidad topada con la gracia de una señora y su bella familia. No tuvimos ride gratuito hasta Santa Ana, que era lo que realmente ocupábamos para llegar donde nos esperaba un chico que nos abre su casa. Nah. Tuvimos ride hasta San Salvador si así lo hubiésemos querido.

Hoy cenamos, tenemos más dinero de nuevo y seguimos en el viaje como si nada hubiera pasado. La vida es eso; confiar y seguirla pulseando para seguir avanzando en lo que una cree.

Esperamos llegar al 9 de enero para tomar el vuelo de vuelta a casa. Mientras tanto, los planes incluyen una parada acá en Santa Ana donde Manuel y su padre, una ida a La Libertad a una comunidad de permacultura con un voluntariado bellísimo y una visita corta pero suficiente en una casa en San Salvador antes de zarpar del viaje en la noche.

La cosa sigue rodando, una sigue soñando y, afortunadamente, juntas seguimos caminando y disfrutando.

Resúmenes breves de bellos días de mucha zozobra desde el otro lado del amable puente:

1ro de febrero

Flores es chiquito y hace un calor del supuesto infierno que Francisco niega, pero no niega, pero que en todo caso Dante afirma que era caliente. Me baño unas 4 veces al día y el resto del tiempo la ropa es mínima. Hibernamos en el cuarto. Para un viaje son días "perdidos" y a la vez no tanto. Descansamos, dormimos, tenemos una cama...el descanso permite el lujo de reponerse y disfrutar aquello acontecido mientras se refuerza para lo que sigue.

Cada cierto tiempo salimos a caminar para dejar bien vista la isla. Por un borde de Flores ya el agua inunda las construcciones. Anoche se nos agotaron las aceras y se nos recortó el recorrido. Hoy asumimos la caminata en el sentido contrario para terminar al menos con aquello que empezamos. Adentrándonos en el pueblo se ve la diferencia en los caseríos. Deja de haber hostels y hospedajes en las terceras y cuartas calles que se esconden detrás de los hoteles de la primera. Es como si el pueblo se hubiese organizado por costos y oportunidades de afuera para adelante. La proxemidad a la calle que entra de Santa Ana eleva los costos y franquicias hasta incluir un Ramada. Las segundas, terceras y cuartas hacen filas de hostales que van de 200 a 90 y de ahí bajan a 40. Nosotras salimos a caminar más allá de las colinas que dividen, por medio de un parque y una pequeña biblioteca, el pueblo del turismo al pueblo de los locales. La vista es menos lujosa, pero no por ello menos bella. Hay pueblos aún más amplios más allá del lago hacia las costas del otro lado. El atardecer nos agarra no sólo con más comida de la que esperábamos, sino junto con los kayaks que regresan de remar entre algas, basura y algunas que otras bandadas de peces. Nos devolvemos a seguir en la maratón de letargo más extensa de la vida. No hacemos mucho, aunque ver el muelle tanto de día como de noche nos absorbe con cierta actividad muy de vez en cuando. Nos vamos a dormir tranquilas, porque sabemos que ahí la vida nos va llevando.

2 de febrero

Salimos con tiempo para movernos hacia Guate o inclusive bajar, dependiendo del recorrido, hasta El Salvador en un solo viaje. Pasamos primero al cajero a retirar lo que nos queda. No hace falta decir mucho. Las máquinas están malas y la gente del banco lo sabe. A los clientes que tienen cuenta, les tienen acostumbradxs a pedirles 24 horas para hacerles un reembolso automático. A algunes les depositan de nuevo a su cuenta. A extranjeras como nosotras nada más nos mandan a llamar a nuestro banco.

Cuando trabajaba en medios que tenían que ver con lo bancario, no dudaba en pasar horas tratando de que su descaro disminuyera al nivel de un poco sentido común y humanitario. Hoy estaba en una sucursal con el pelo parado a la mitad de la cabeza, en pantaloneta y blusa de manga corta y con un bulto enorme a nuestras espaldas. Aunque eso me da una cierta carta de categoría turística que es bueno aprovecharla, ya el alma no me da para pasar 3 o 4 horas sentada esperando a que mi molestia tenga el efecto humanizante que a veces ni así llega. Veo a mi esposa llorar de la furia y sólo eso me empuja a hacer algo al respecto. Gerente, sub-gerente y una cajera altísimamente ineficiente. Creo que pongo a lxs 3 en la misma categoría adjetiva. Pude sentarme más tiempo a seguir molestando, pero la verdad es que llega un punto donde inclusive tirarse a la calle sin un cinco injustamente en la bolsa es mayor remedio a la salud mental de ambxs que tratar de seguir dialogando con una entidad promotora de todos los daños de un mundo capitalista.

No queda mayor remedio que buscar soluciones. Y lo único tangible era salirnos de Flores con un bus que nos llevara a seguir avanzando. ¿Adónde? ¿A quedarnos con quién? Eso no lo sabíamos, pero lo que teníamos a mano eran 8 horas de espera antes de bordar un bus que viajara de noche. Matemáticamente eso nos ahorra una noche de hotel que tampoco teníamos.

Durante esas 8 horas, el supermercado del pueblo con remates en precios nos daría una merienda más de lo que ocupábamos con los últimos cincos en las tarjetas de débito. Eso sí es cuestión de ir viendo cómo humildemente nos acoplamos.

Un rato en el parque nos pone en contacto con un "ex mojado" guatemalteco. Tiempo para charlar es lo que tenemos de sobra. Compartiendo y según él por nuestras caras desanimadas, nos lleva donde una señora que hoy ocupa gente en una refresquería. Grave error compararla en nuestras cabezas con la señora tz'utujil que nos hospedó en San Juan. La refresquería aquí no tiene que ver con refrescos ni platitos que lavamos para regalar nuestro tiempo ante la larga espera. Entramos con intención de regalar manos y cuerpo a cambio de pensar en otras cosas un rato mientras llegaban las 8 de la noche. Lo que encontramos fue un centro peligroso en medio de San Elena donde un chico nos metía a dialogar entre cervezas con un tipo de una mara. Eso a cambio de aumentar clientes en un bar de muy mala muerte. La categorización de "mala muerte" es una descripción tica que no debería usar para describir en términos peyorativos un lugar muy, muy rápidamente. Estuve en la azotea con ellxs mientras Jime leía en paz y tranquila sentada en una mesa tomándose una Brahva en botella. Bajé de la azotea prematuramente a pedirle que nos fuéramos. Creo que de ahí, si no salíamos en ese momento, es posible que quizá ni saliéramos. De tono cortés escalaron tranquila y rápidamente entre cortesías con Jime pero aclaraciones y algunas amenazas conmigo. Dejar la birra a menos de la media y salir corriendo fue un instinto de precaución de algo que por dicha hoy no estamos contando.

5 de la tarde y ya el rato en el parque deja de ser una opción para las próximas 3 horas y media. Volvimos corriendo a la estación de bus, esperamos un rato entre policías y pasajeros y luego salimos de nuevo al mall a ver cómo nos refrescábamos en baños que no nos cobraran por hacer hazañas para no tocar nada. Es lo que hay. Esa es la vida. Y el mall de Santa Elena nos dio lo que todo aeropuerto tiene. Baños, carga de electricidad, ambiente seguro, aire acondicionado. No es muy difícil ser esto de ser un ocupa cuando la necesidad lo requiere. El único golpe es el que recibe el ego.

Calculando que fuera de provecho, esperamos a las 7 para comprarnos una cena. Aprovechamos las conexiones que hicimos días previos por puro afán de compartir con las señoras locales y las fuimos a visitar de nuevo en sus puestos de comida. El combo vegetariano que nos dejaron a precio reducido ayer vendría hoy por el mismo precio de nuevo, pero más cargado con triple ración de tortillas. "Déle unas tortillas tostadas" le decía el esposo a las empleadas del lugar. Lejos de un cobro extra, nos amarraba en la comida un crujiente especial para acompañar la ensalada.

El bus que nos lleva iba lleno de locales. El bus de a la par, costeado por un visible grupo muy reducido de turistas europeos, australianos y gringos, costaba 5 USD más, pero iba con wi-fi, baños, dos pisos y muchísimo más espacio. Cuando volvamos con plata, tal vez en ese iremos. Por ahorita el viaje nos exige todo lo que hemos predicado; no ser turistas y realmente ser viajeras.

3 de febrero

6 de la mañana y llegamos con 130 quetzales a Ciudad de Guatemala. Tenemos la oferta de Lorena de quedarnos en el albergue de comunidades de su pueblo en la ciudad. Con toda honestidad, la lesbofobia que hemos sentido en Ciudad de Guate tiene a mi esposa asqueada. Entre eso y la reducción temporal de dinero, salir al Salvador ya es lo único que queremos. Hacemos eso. Tomamos cambios de buses que recordamos de nuestra entrada a esta tierra. De Centro Norte a 16 calle, de ahí caminar dos cuadras, tomar Metrobus al Obelisco. Todo eso nos sale como en 4 o 5 quetzales y unas cuantas caminadas. Desayunamos muffins en oferta y un galón de agua. El tarro del galón se lo dejamos a un limpiabotas sonriente que me dice que soy chistoso. Con "o". Pero bueno...ya la verdad que el recuento lo he parado. En Obelisco, la policía municipal nos ayuda a saber cuál bus agarramos. Vamos por unos 116 quetzales en total para esta hora de la mañana que entre cambio y cambio nos va dando las 9. Pasamos de neblina con frío en horas pico a volver a guardar las sweaters y empezar a sudar en las paradas cercanas a Los Arcos. Nos montamos al bus sin preguntar el precio. Si nos echan o nos bajan, es lo peor que puede pasar. Finalmente llega el cobro sobre la pista carretera al Salvador. 100 quetzales por ambas y nos quedan unos 16 para llegar a la frontera. Tal vez antes pelearíamos el abuso de los 100 por dos pasajes, pero hoy agradecemos siquiera poderlos pagar ante el riesgo que tomamos de montarnos sin saber. Este bus le paga a otro para que nos lleve de Jutiapa a San Cristóbal. Lxs chicxs del colegio se agarran de las puertas de la camioneta para llegar a su casa y una señora al frente se le duerme profundo a un niñx acongojado de no saber qué hacer con el bulto de su cuerpo. El viaje entre chicken bus y minivan nos hace pasar de 9am a 1 de la tarde. Fronteras de nuevo donde buscar un sello es responsabilidad de nosotras. La salida de Guate les hace gracia, quizás porque venimos de lugares costeros que bien sabemos no son los más normales. El agente de migración del Salvador toma su tiempo sacando cuentas para ver si aún nos alcanzan los 90 días centroamericanos. Y finalmente caminamos al otro lado de la frontera.


16 quetzales se vuelven alrededor de dólar y medio en Honduras. Nuestro gran capital para tomar buses a Santa Ana. Sin plata evidente, la cordialidad de lxs taxistas se reduce a un "buena suerte". Grandiosos los resultados de un sistema capitalista. Nos vamos caminando; la verdad no queda de otra. Camiones, buses, autos particulares...no muchos nos paran ni se arriesgan a recogernos. Un señor en un pickup azul pasa de lejos y a la cuadra y algo se devuelve marcha atrás. Se asoma su bellísima esposa con una hija en brazos. No sólo se tomaron el riesgo de pasar con nosotras atrás por el retén militar, sino que nos ofrecen llevarnos hasta la ciudad capital. A sabiendas de que tenemos quien nos espera en Santa Ana, nos dejan bien cuidadas en una parada de un bus que cuesta 25 centavos cada una. Nos sobran 75 centavos antes de llegar al primer cajero. Nos sobra.

Nos sobra dinero.

Una visita al cajero y luego a un supermercado. No ha habido comida en estos 3 días que nos hayamos saltado. No han habido necesidades que no hayamos podido suplir. Lo que ha habido es una necesidad inmanente de sentirse en la calle cuando lo único que se tiene es dinero reducido en la bolsa. Lo único que he sentido es miedo de sentirme miedosa. Lo único que nos ha guiado ha sido la vida por la confianza que ponemos en ella y en la bondad de cierta gente. Porque otro mundo es posible, como decían en Chiapas, y porque ese mundo comienza creyéndosela uno no sólo cuando tiene de todo, sino - muy especialmente - cuando le falta lo que ocupa para vivir dentro del sistema.

Manuel nos recibe en su casa a la espera de lo que sea que nosotras queramos hacer. Lo único que ocupábamos tras 20 horas ininterrumpidas de viaje era su ducha para quitarnos el sudor y el polvo. Una ducha fría pero un invaluable lavado de pelo nos hace sentir como nuevas para enfrentarnos de nuevo, con otra cara, a este dulce mundo. Desde entonces, salimos a comer y a tomarnos algo con él en lo que él asegura que es el mejorcito lugar cerca del centro del pueblo. Nos dieron por ahí de las once de la noche haciendo recorridos por diversos grupos musicales de todo el mundo. Dialogamos, descubrimos, compartimos... y tal vez mañana visitemos el teatro un rato. A como pinta la cosa, pasaremos el finde con él mientras él nos acompaña a cumplir nuestros propios planes. Y así las redes se siguen construyendo, porque somos muchos los jóvenes que creemos que los males de esta seccionalidad, de estos gobiernos, de estas maneras y de estos vicios se resuelven uniéndonos y uno tras otro nos vamos re-encontrando.

Monday, February 1, 2016

29, 30 y 31 de enero

29 de enero del 2016

Tengo que tener demasiado cuidado con lo que me deseo. En la gran mayoría de los casos, tarde o temprano mis pensamientos se convierten en realidades. Me da susto saber que citas de cosas bonitas que circulan en libros de autoayuda o en los perfiles de la gente en internet sean líneas de cosas que me debo dar cuenta son ciertas en mi caso. Asusta. Da susto. Porque entonces no sé ni qué pensar. Y aquellos pensamientos que manipulo ya no son eficientes. Creo que lo que se vuelve cierto es aquello que para mis adentros me digo, lo que realmente quiero y lo que, de una forma u otra (positiva o también negativamente) me conviene en el camino de mi vida.

En fin, salimos de San Cristóbal en combi hacia Toniná. Para hacer eso, inevitablemente hay que parar, visitar y trasbordar en Ocosingo. Es un pueblo bonito, me parece. Jime difiere. Yo lo que veo es mucho acomodo cultural en lugares ricos para estar. Entramos muertas de hambre al mercado. Otra señora, esta vez en sandalias, muy blanca y con algo de aires pretenciosos de ser la dueña, se sorprende de nuevo por nuestra necesidad de ausencia de carne en la comida. "¿¡¿Y entonces qué comen?!?" nos dice en sorpresa. Hartamente sarcástica mezclado con un ínfimo de paciencia le digo que frutas, verduras, granos......No sé ni para qué lo hago. Aunque nos sirvió verduras de un guiso de carne con tortillas y arroz, su idea inicial era darnos unos cocteles de fruta con la misma verdura que nos terminó dando al final. Le pregunto adónde hay un baño y me dice "d'este portón al que sigue y luego en la virgencita de la candelaria". Ejercí muchos años el catolicismo ferviente, pero ni aún así sé cuál es la virgen que me anda diciendo. Soy una ignorante. Camino por pasillos y tiendas hasta dar con lo que finalmente creo que fue la adoración que nos decía.

Poca gente se queja de que a Toniná no se le visita mucha. Que es que no le hacen mucha bulla, dicen algunxs pocxs. A diferencia de otros lugares, debemos comenzar porque no hay siquiera una terminal compartida con el transporte público que entra y sale de Ocosingo. Lo positivo es que le obliga a una a recorrer todo el pueblo antes de poder avanzar. Por el binomio negativo, no mucha gente se va a tirar con mochilas por las calles llenas de carros, ventas que abarcan las aceras y el local que tranquilo ha construido su vida. Eso no es culpa del pueblo, sino del viajante. Pero bueno...tras comer seguimos el viaje en otra combi nueva. Esta es la única y primera que, en vez de tener los asientos de la urvan tal cual, tiene bancas de madera acomodadas a lo largo de los costados. No comprendo los cambios, porque la cuenta de personas da exactamente lo mismo. La diferencia, quizás, es el dejar de usar el techo para los bultos y facilitar el uso de maletas al centro del montón. El paso por la Universidad Técnica de La Selva nos demuestra que estábamos en una línea de transporte universitario y que de turistas sólo quedamos nosotras. 


Toniná, aparte de tener el museo de arqueología más interesante de estas zonas de ruinas que hemos visto recientemente, es el único sitio al que hemos entrado de manera gratuita. Es enorme la injusticia de su soledad; casi tanto como lo sorprendente de su preciosura. Finalmente doy con cierta comprensión más práctica y útil para la lectura de los glifos. Las explicaciones sobre el sistema numérico, de calendario y de las épocas me facilita de ahora en adelante la lectura de todo lo que seguiría. Sergio nos decía en San Cris que le parecía increíble que nos supiéramos los números romanos cuando estaban los mayas. Todo llega a su bello tiempo y ahorita es el momento para dejarme de excusas y practicar lo que fácil y dignamente se aprende. 



Contrario a muchas otras zonas arqueológicas, las edificaciones en este lugar tienen diversos accesos internos por los cuales aún se puede caminar. Soy una gallina y al que estaba completamente oscuro no me atreví a entrar hasta el final. Admiro el inframundo y la conexión que tenía con la cosmovisión indígena, pero los miedos de infancia no dejan de ser eso y aún a mis 32 no puedo entrar a un lugar en donde ni la mano al frente me logro ver. Menos con tanta trayectoria para atrás. Una chica sale de ahí diciendo que la oscuridad le cambió la vida. Algún día volveré y lo haré como si nada, quizás. Mientras tanto, las escalinatas se convierten en bellos "laberintos" por donde me pierdo con absoluta tranquilidad y enorme pasión antes poco reconocida. La subida por estas gradas es vastamente grata, con bloques chicos pero constantes hasta llegar a la cúspide del observatorio. La vista desde ahí arriba es sencillamente increíble. El viaje ha sido largo y la estadía, por ende, debe ser corta antes de la hora de cierre. 


Un camino de regreso a Ocosingo nos permite agarrar la celebración del día de la Virgen de la Candelaria. Muy bien - ahora sí sé bien de quién hablan. Entre candelas hechas de latas de coca cola cubiertas con papel, la procesión nos muestra una amplia gama de manifestaciones de religiosidad y cultura de Ocosingo. Creo que eso incluye tirar confites gringos a las masas de niñxs que les esperan. Eso y un payaso al final de la procesión, pero ¡bueno! 15 minutos como espectadoras - que es lo que tardan todes en pasar - y seguimos en el camino hacia Palenque. Mi clase de tzeltal dura dos horas y media entre hombres al frente y hombres atrás que se pasan todo el rato dialogando. Todavía me cuesta ubicar el principio y el final de ciertos sonidos; las pausas entre palabras desconciertan un poco, pero el sentido de las frases los da el cuerpo y los brincos de castellano en uno que otro dicho o palabra sin traducción en activo uso. 

Nos agarra la noche para cuando llegamos al centro. Sin más remedio que pagar un taxi, llegamos al famoso Panchán. Es un lugar en la selva con un par de restaurantes. Se lo pelea un menú italiano y uno alemán artesanal. La primera noche se la damos a la señora del lugar con un puesto humilde donde lo que halla hacernos es una quesadilla de frijol con quesillo. Ante la guía de una israelí, encontramos bien donde acampar. Nos alejamos de las plataformas de cemento y las de madera que ya están tan ocupadas como las apiladas ramas que les cubren como techo. Nos quedamos entre ramas y piedras bien cerquita de la tierra. Es sábado, así que la fiesta alrededor es considerable. Escogemos la noche profunda y dormir al son de los infatigables monos aulladores. 

30 de enero 2016

Panchán queda justo al lado de la primera caseta de la zona arqueológica. 3.2 km nos separan de la entrada principal. Lejos de seguir carros o buses de lujo, nosotras caminamos. El camino es gracioso; tras el "museo de sitio" hay una entrada/salida que más tiene de lo segundo que lo primero. Nos ahorra un kilómetro doscientos, así que la tomamos. Vamos contracorriente y eso es justo lo que amamos. Entrar por las salidas; casi que de eso se ha tratado todo este viaje. Empezamos por el arroyo, entre aguas y ríos. La cascada y los puentes. "Los murciélagos" se llama por acá el grupo.  
La gente es cordial, pero también escandalosa. Al rato ya me resulta inevitablemente estorboso. No comprendo cómo es la importancia primordial de su viaje el posar en rincón tras otro en un escándalo propio de un mall o un mercado de pueblo. Ya ahora me pregunto si no hay valor a un viaje sin el selfie de moda o si la visita a un lugar tan sagrado no se puede comparar de manera alguna con un retiro, aunque sea un rato, de un sitio comercial de paso. 

Quizás eso explique por qué hay tantas malas interpretaciones de lo que miran. Un señor confunde una escultura de adoración con una fuente ornamental "que sacaba agua" como las que se ponen en las plazoletas, una señora confunde dioses con números y hay quien mira una ceiba aparentemente por la espalda. Lamentablemente los guías no nos ayudan acá lo suficiente. Un señor entrado en años en un inglés bastante autóctono deniega el uso conocido del patio de los cautivos para otorgar su propia versión sobre orgías y demás rituales canibalísticos. "the rest is bullshit" le dice a una señora que me mira a punto de pedir un cambio de guía. Mis propios sesgos adicionales tendré yo todavía. 


La visita a Palenque, aunque deficiente en relación con lo magnánimo del menospreciado Toniná, me deja una mayor comprensión sobre el acomodo y las funciones de las grandes construcciones mayas. El desacuerdo en muchos datos aún me deja sinsabores sobre las supuestas investigaciones que han requerido sacar tanta riqueza de estos lugares hacia otras metrópolis. Para comprenderlo en la magnitud de su previa belleza completa aún se requiere cierta capacidad imaginativa y los colores, restantes ahora sólo en la tumba de la reina roja, son baños que hago a ojos entre abiertos y cerrados. 





Toda la artesanía que se vende repite patrones que hemos visto a lo largo de nuestro brevísimo recorrido por Chiapas. No llega nada distinto al Panchán más que el absinthe que'l alemán vende a la cena en cobros de 100 dólares tras otro. Nos regalamos a la noche temprano para salir a las 6 mañana hacia Bonampak y Guate.

31 de enero 2016

Creo que aquí es donde comienza todo el robo. Quizás me habría sentido mucho mejor, o al menos un poco, si hubiese sido 31 de diciembre y no de enero. En nuestra experiencia al sur de México el sacarle plata al turista es como el chile en la comida. 

Al abordar un combi en el centro de Palenque hacia Benemérito, jamás pensé que iba a tener un contacto tan extenso y cercano con las filas interminables que representa el crimen organizado. Lo debí haber sospechado desde el cambio de lugar que le permite el chofer a un hombre a la vuelta de la estación sin siquiera haber salido de ella. Su copiloto ahora sería más su jefe o su socio. Las mismas dos horas y media de viaje que antier me sirvieron de clase de idiomas, hoy fueron una cátedra extensa sobre el tráfico de personas. Esta vez ya no desde el pasajero, sino desde los hombres que los llevan. Hombres que han estado en cárceles, que han escogido matar a manera de resolver conflictos, que hoy se organizaron para facilitarse el trabajo. Es gente que no sólo ha dado nombres completos y exactos de las cabecillas de migración, policías federales, estatales y de los jefes de grupos de trata de gente. Llevar pasajeros para ello es algo meramente secundario. Entre vans identificadas en sus puertas con datos comerciales, los choferes se alertan sobre retenes y ladrones. La competencia es dura y ellos se ven unes a otres como gente que meramente hace su trabajo. El camino, interminable para ser cierto, era de carro tras otro; ya sea camión, vagoneta, combi o particular. Los "mojados" viajan en pilas, por montones y en filas que van nutriendo lo que llaman líneas de tráfico de personas. El pacto tuvo su rato para irse armando. Modelos de vehículos, condiciones mínimas para los pasajeros, los puestos principales de revisión, cuáles policías comprados, desde dónde hasta dónde, cuáles sierras, cuáles ríos y en cuáles lanchas, planes A, B y C, rutas usuales y rutas descartadas, historias de cárceles, fugas y todas sus relaciones. Quisiera borrar de mi mente las caras de estos tipos y darle a mi boca más capacidad de juicio. Quisiera haber podido hablar en defensa de esas niñas secuestradas a lo largo del camino; por la gente que botan a la calle para librarse de una bronca de la cual ellos mismos son los primeros protagonistas. Quisiera hablar con la gente en estos buses y explicarles lo lejos que está Houston de ser una mecca para nadie, de lo mejor que están con las tortillerías de tres tiempos y sobre lo inútil de los pagos abruptos y voluminosos a hombres que en ningún momento les van a proteger de perder sus vidas. Odio las miradas tristes y tácitas de gente en la parte de atrás de un camión conducido por matones. 4,300 dólares por un oficial de migración en la parte sur de México. "si vas con niñxs, te acusan de secuestro" le recomienda uno para que pregunte siempre por la madre. 30 para mí, pero 15 para ella dice de la mujer que "si me quema, la quemo". Horas irreconciliables de más datos de los necesarios. O al rato, quizás, justo lo que ocupaba para darme cuenta de lo que faltaba. Del testimonio a primera mano de un mojado a la conversación eterna entre un coyote y su transportista. La parte que me falta del oficial corrupto mejor me la brinco, porque, si la pienso, me la recetan, y es más de lo que yo creo que yo aguantaría. 


El robo de 240 pesos por entrar a Lacandona a ver Bonampak fue descaradamente automatizado. Es taxi o taxi, porque aquí nada más entra. Y, como tal, ellxs ponen su cifra. Ya los chalecos del turismo gubernamental no me significaban absolutamente nada. 20 por persona para esto, 65 por aquello, al entrar a las pinturas el intento de doble cobro me era irrisorio. Empecé el día con mil pesos que se agotaron para la media tarde en llegar a 1 solo lugar. La conversión no es justa a lo exagerado de los cobros. El cambio a colones o dólares es precisamente el pinche consuelo de quien no se mide por la vara interna. La lancha que cruza 20 metros salió a más de lo que costó el bus de 6 horas hasta llegar a Flores. De verdad que el dinero no es más que un papel y entre tanto descaro lo mejor es sólo darlo y pensar, ver, sentir y vibrar pa'otro lado. Con el desgaste de ánimo, ver Bonampak, encima con el límite impuesto por el taxista de una hora, fue tarea un poco difícil. Sin embargo, mi percepción de nuestras culturas originarias no podría jamás ser el mismo hoy sin haberlo visitado. Lo que en Palenque me hizo falta, hoy Bonampak complementa. Las pinturas hablan por su bellísima cuenta. 









Así, cruzamos una frontera tras otra, aunque ninguna fuera frontera realmente. Hay un pueblo que se acaba en una venta de artesanías. De ahí bajamos por el lado carero de un muelle para no usar las lanchas más comunes, patrocinio grato del lanchero que le habló a nuestro taxi mientras sellábamos el pasaporte. Si una no pide pasar a sellar, la costumbre por aquí es seguir recto. Al salir de la panga, aparecen los cambistas. Eso lo que me asegura es que vamos por el camino esperado. Esta vez estoy harta y me meto a un hotel chiquito que gerencia una señora a pedirle el cambio. Hastiada, le soy ampliamente honesta. "Yo sé que usted no hace el cambio, pero prefiero que se deje usted dos pesos por dólar a regalarle cuatro a esos ladrones" Ella sólo se ríe. A veces, muchísimas veces, sólo eso falta para corroborar cómo corren las cosas. Las monedas mexicanas, que ya no quiero ni ver las gastamos a cambio de dos frescos de rosa de jamaica. El bus, el único que sale de aquí, va hasta Santa Elena. Son quizás unas 5 horas de camino de polvo. Mi pelo está tieso de tanto recibir tierra por medio de una ventana abierta que me dice que toda la selva - o ahora quizás yo diría que monte - a lo largo de todo el camino está igualmente dura con el baño ocre que le ha ido haciendo el tiempo. Llegamos a Flores cerca de las 5:30 de la tarde a tomar por 16 pesos un mototaxi regateado con lo poco que nos queda del cambio de moneda. Tal vez ingenua, tal vez sabiamente, la cosa es que congelamos los cincos que nos quedan de aquí hasta El Salvador. Así que pasaremos en esta isla un par de noches antes de seguir el camino. Más días en Guate entre comunidades originarias o unos días en servicios de voluntariado en las playas del Salvador antes de llegar al Sansa que es último que nos queda. 


Thursday, January 28, 2016

26, 27 y 28 de enero

26 de enero 2016

Carlos se quedó hasta la madrugada regando las plantas. Con una naranja y una mandarina que nos baja del palo, salimos camino a Chiapas. Bueno, no sin antes regalarle el selfie que, entre dormides y despiertes, lindamente nos pide.


Un bus a La Mesilla, un moto-taxi de ahí a la frontera y un taxi por 4 kilómetros a Cuauhtémoc. 

Si no es por voluntad propia, no nos sellan la salida de Guate. El señor, en una ventanilla escondida, habla de fútbol con algún señorito al otro lado de un mostrador que es mucho más extenso que las necesidades que suple. Está vacío. Cuando pido mi sello, me recibe un "ah vá-i-a..." con el tono legítimo de una cordialidad y despreocupación innata. No hay pago ni revisión alguna.


Ya del lado de México, la misma dinámica. Me sorprende un tipo en jeans y camiseta mientras paso buscando con los bultos. "¿pasaporte?" como preguntando si es eso lo que busco. Afirmación confirmada con una concisa explicación de "4 kilómetros". El tránsito por estas barreras semeja más un amplísimo mercado de ropa americana y utensilios de lo que es una zona de fricciones internacionales. Yo la verdad es que no lo comprendo. O lo que comprendo es demasiado irreal para aceptarlo de buenas a primeras como posible o, mucho menos, como algo cierto. Nada que hacer más que seguir avanzando.


Más adelante, ya encaminadas en una combi (una buseta de 12 estilo Urvan) que debatimos con la cajera si pagar en dólares o quetzales, nos chorrean unos pesos. Vamos avanzando hacia Comitán antes de transbordar hacia San Cristóbal de las Casas. Conforme avanzan las planicies de una tierra quizás algo seca a primera y simple vista, encontramos finalmente las famosas edificaciones. Las construcciones de Bush, Obama - o cuantos apellidos para atrás una le quiera - me aclaran un poco la panorámica migrante. En paradas militares señalizadas como "Alto completo" nos bajan para revisar si, como dice el chofer, una anda coca, fresca o alguna otra soda. El sueño me gana en algunas partes; en otras la absorción de información me impide dejar que mis párpados caigan. Irónicamente, un Sam's Club me despierta a una realidad un poco más mezclada, diversa e intensa. 

La entrada a San Cristóbal me recuerda mucho a Antigua. Del colonialismo arquitectónico me voy a tener que pasar escapando. Llegamos a la casa caminando a pesar de la insistencia en que tomemos un taxi. Entrada la noche tengo un diálogo abierto con el roommate de Sergio. Daniel es un chico de nacionalidad mexicana con una cordialidad suprema y, en lo que cocina su cena, me aclara un poco más aquellos cables flojos que me hacen cortocircuito en la maraña de mi cabeza. Entre mapas grandes y específicos que están pegados a la pared junto con datos que me saca de su propio proceso de crecimiento y cultura, me queda claro que tengo aún muchísimo más que calar para comprender las realidades sobre los migrantes en la entrada sur de México. Entre la conversación a San Pedro Sula con el viajero y su padre a lo que revisamos ahora con un egresado mexicano en la tranquilidad de su casa, el viaje se me va enredando a bellas interrogantes que van mucho más allá de las lecturas, La Bestia, el cine, la política, la geografía, el arte y las entidades policiales operantes. Entre más aprendo, observo, me conversan y disque entiendo, más preguntas me nacen de cosas que no parecieran tener un amarre con sentido. México se me hace enorme ahora en los pendientes de mi cabeza y el tiempo se me encoge a la vez que se me expande. Es una sensación extraña, pero la apertura en cuerpo y experiencia me va ampliando y complicando una linda telaraña de deudas y contratos con nadie más que conmigo misma. Creo que ha sido viaje suficiente para irme a dormir sintiéndome sana, pero considerablemente abrumada. 

27 de enero 2016

Me despierto a las 6am cuando, de nuevo, todo la casa está en paz.
Un rato en el patio me muestra una luna aún incandescente.
Entre la chayotera, las palomas del vecino y las matas muertas, no sé cómo retribuir a este espacio con algo que nos aleje un poco más del concreto.
Ya empiezo a sentir el chile en el cuerpo. 'Bienvenida a México', me recuerdo.

Hoy, por alguna razón, quiero y aguanto leer algunas noticias. Ni Nación, Prensa Libre....nada d'eso.
Hay mucho moviéndose en relación con las comunidades originarias a lo largo del continente americano. No quiero saber aún las cifras por aquellos del planeta tierra completo.
Hay cosas que me caen justo en el momento preciso:

Ser indígena en tiempos neoliberales. Entrevistas a Mardonio Carballo y Francisco López Bárcenas:


Rico momento para repasarse una leída del manifiesto, aunque acepto que me siento algo como lxs turistas que revisan LonelyPlanet antes de salir a La Basílica. 
Al pueblo de México: A los pueblos y gobiernos del mundo:
Hermanos: No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder. Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada. Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.
Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.
Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia. Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio. Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.
Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergenzas.
Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.
Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.
Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.
Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos. Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido. Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras. Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.
Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias.
Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña y lo caminamos rumbo a la casa del poder y del dinero. Hermanos y hermanas de otras razas y otras lenguas, de otro color y mismo corazón, protegieron nuestra luz y en ella bebieron sus respectivos fuegos.
Vino el poderoso a apagarnos con su fuerte soplido, pero nuestra luz se creció en otras luces. Sueña el rico con apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras.
Quiere el soberbio apagar una rebeldía que su ignorancia ubica en el amanecer de 1994. Pero la rebeldía que hoy tiene rostro moreno y lengua verdadera, no se nació ahora. Antes habló con otras lenguas y en otras tierras. muchas montañas y muchas historias ha caminado la rebeldía contra la injusticia. Ha hablado ya en lengua náhuatl,
paipai, kiliwa, cúcapa, cochimi, kumiai, yuma, seri, chontal, chinanteco, pame, chichimeca, otomí, mazahua, matlazinca, ocuilteco, zapoteco, solteco, chatino, papabuco, mixteco, cuicateco, triqui, amuzgo, mazateco, chocho,
izcateco, huave, tlapaneco, totonaca, tepehua, popoluca, mixe, zoque, huasteco, lacandón, maya, chol, tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame, teco, ixil, aguacateco, motocintleco, chicomucelteco, kanjobal, jacalteco, quiché, cakchiquel, ketchi, pima, tepehuán, tarahumara, mayo, yaqui, cahíta, ópata, cora, huichol, purépecha y kikapú. Habló y habla la castilla.
La rebeldía no es cosa de lengua, es cosa de dignidad y de ser humanos.
Por trabajar nos matan, por vivir nos matan. No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarán, pero así nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra. Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el
olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren.
Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido.
Hablando en su corazón indio, la Patria sigue digna y con memoria.
Subcomandante Insurgente Marcos.  
EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL. 
La fuerza que todo esto conlleva aunada a mi admiración, respeto y cierta envidia me mueven a impacientarme mientras Dani y Sergio toman un desayuno silencioso en respeto a mi esposa, quien aún duerme a las 8:15 de la mañana. Apenas podamos, quiero irme a Oventic corriendo.

Mientras tanto, Haití me deja un medio bello consuelo airoso para saborear la mañana.

Después...casi 12 horas después:

Vengo con la experiencia revuelta.

Entré
con envidia, ansias, esperanzas y respeto.
Salí con aún más esperanza, sintiendo posibilidades mayormente tangibles, pero también con sinsabores que no sé aún cómo los digiero.
A nivel interno, les doy la noche, una almohada, muchas horas de masticarlo y un poco de paciencia.


De mi cuerpo para afuera, esperamos a Sergio hasta por ahí de las 9 o 10 de la noche. Sin darnos cuenta, en la plática sobre los gobiernos, las historias vendidas y las políticas mundiales nos dan las doce medianoche. El frío se convierte en sopa mezclada con extensa conversa. Estamos entre un español viviendo en Chiapas, dos ticas en camino y con el bello antecedente de un local al caer de su día. Aunque estuve vastamente cansada, la mezcla fue perfecta para mantenerse activamente semi y pseudo despierta.

28 de enero del 2016

Un mocha, pancito y una mañana más adelante:

Me obligué a dormir al silenciarme los pensamientos.
Logro forzarme a despertar hasta las 9 am y por eso siento que merezco un trofeo.
Salgo corriendo por pancito y mantequilla con los cuales acompañar el cacao. Bueno, un poquito de café a eso para prevenir el dolor de cabeza que me ha estado invadiendo por las tardes. No sé en qué momento pasé de no tomar café a ser adicta a la cafeína. Creo que con el cacao de una a otro me voy a ir pasando. Tal vez. Quizás lo siga alcahueteando.

La tierra del cacahuate, las chamorras, las playeras y las Indio.

Entre Atahualpa Yupanqui, una cobija tejida y mi artesanal mochaccino, me siento con algo de fuercilla para empezar mi recuento sobre la visita a Oventic ayer.


Salimos a las 10am. Sergio nos permite un hogar bellamente compartido donde una ducha caliente con agua hervida en gas de un boiler nos da un ratito de gozo que no podemos menospreciar en lo mínimo.

Es tiempo de lavandería de nuevo. Entre 8, 10 y 12 pesos por kilo las calles nos hacen dar un poco de vueltas. Llegamos, 40 pesos más tarde, al mercado de las combis salientes. "¿Donde los zapatistas?", nos dice el hombre a cargo del transporte. Justo para allá es donde nos vamos.

Hay una persona adentro en una urban de 12. Aquí no le tiran al bus lleno, sino apenas a medias. Con nosotras, nos faltan 3 para poder irse. 20 minutos y llega un caballero. 40 más esperando otros dos. El conductor, mientras tanto, se toma dos raciones de atole servidos en jícara por un hombre que carga tombos en una bici de 3 llantas. Llega una chica, pero el primero que estaba ya se impacienta. Las cuenta nos deja de vuelta en lxs 4. Otros 20 o 30 minutos (ya voy perdiendo la cuenta) y por dicha llega una señora del área. La semi-alegría en eso es que casi nunca viajan solas. Con una marimbita de niñas a su espalda, estamos por encima de lo que el chofer esperaba. Hora y media más tarde, salimos finalmente a trepar las montañas que nos adentran en el cerro. Conforme dejamos la ciudad, aumenta la neblina.


Hora y media más, aparentemente. El sueño me gana como remedio a los mareos de este ondulado camino. Si me duermo en caminos desconocidos, siento que pierdo la mitad de la gracia. Por dicha esta vez, me digo, tengo que bajar igual por el mismo lado.




Es cierto; las coberturas negras del rostro (o del gobierno y el viento) no resultan remotamente intimidantes. La burocracia de la entrada creo que es bien sabida. No hay nada mayormente diferente a lo usualmente descrito. En realidad, mi golpe al corazón me lo llevo en el intercambio de miradas con unos ojos sumamente explicativos. Dos hombres de piel teñida por el sol o por la sangre en ocasiones distintas me muestran la preciosa transformación de la seriedad de sus párpados a las bellas arrugas de una risa evidente. Eso, junto con la seguridad aumentada de que otras maneras son tangiblemente posibles, es lo que Oventic me deja.

Honestamente, se me hace algo comercial la experiencia. Digo algo por no decir demasiado. No sé si mi crítica es realmente apropiada. En todo caso, la duda me es más valiosa que el juicio. Y en eso, me pregunto:



¿cómo se hace para realmente escaparse o librarse del capitalismo sin, por ejemplo, un punto de venta de tours y mercadería?



Entre más tierras recorremos, más frecuentemente escuchamos que son las mujeres las que han sido las pioneras. En lo originario, la fuerza de ellas se escucha, se apoya y se respeta. Lo que es más, se le insta y se le hacen segundas. Aunque no es en la mayoría ni siempre la cosa, ¡¡cuánta valentía no hemos sacado adelante por defender nuestros territorios!! Es esta admiración la que día a día me jala. Cómo, qué, cuándo o por dónde le voy a hacer para dignificarla es lo que más me anda revoloteando por dentro.

Cuando una mujer avanza, no hay hombre que retroceda


Desde Copán que el camino me'nseña a apreciar más a las guaras. Al llegar a Oventic, las razones aumentan o quizás sólo se confirman. 




"Y así fue como la guacamaya se agarró color y ahí lo anda paseando, por si a los hombres y mujeres se les olvida que muchos son los colores y los pensamientos y que el mundo será alegre si todos los colores y todos los pensamientos se unen."

El servicio de combis es un poco destiempado. Lo que se supone pasa cada hora no hace falta ni intentar creérselo. A la salida, tras unas quesadillas de la señora del comedor interno, empiezo resueltamente la caminata. Andar al lado de estos pinos, en estas colinas y con esta neblina, lejos de significar un sacrificio, el ejercicio y la oportunidad se ven como un regalo. Mi esposa insiste en "pedirle ride a quien sea". "¿Esto cuenta como su bucket list?", me pregunta conforme voy agarrada de la varilla y la tabla que componen la silla en la parte de atrás de un pick-up de familia. De ahí en el quinto del camino donde estábamos nos llevaron hasta San Andrés Larráinzar. El gesto de la familia al darnos el aventón confirmadamente gratis me queda en la mente como cajitas de fe que me tengo guardadas sobre esta humanidad tan cambiante. Caminamos entre más hombres ebrios de lo que debería permitir esa zona. Como un perro o gato en celo que ha tenido más de unas cuantas peleas, van caminando por media calle hacia quién sabe dónde. Aprovechamos para parar en el mercado de artesanías a un lado del camino. Una combi más, de nuevo, pasa sin recogernos. Poco después paran dos chicos que no saben cómo hacer para meternos en su cabina. No hace falta, les digo. Lo que queríamos es meramente un campito en su cajón.

Viajar en la parte de atrás de un camión me rejuvenece recuerdos de infancia.


La felicidad en mi vida se encuentra en los lugares más recónditamente sencillos. En Guatemala no usan casco y andan 4 en una moto. En México me devuelvo a la Costa Rica de finales de los ochenta o principios de los noventa. 


'¿En qué se vincula a la prédica y práctica religiosa el exigirle dinero a los turistas entrantes?' es la pregunta que me reservo de tirarle a los muchachitos y señores que me exigen 20 pesos. San Juan Chamula me aumenta el asco al regreso. Una de cal, otra de arena. Mi repudio por la violencia verbal me saca de la iglesia de inmediato. "esto hay que verlo.    hay que verlo" me pasa el pensamiento exterior como un injerto por las venas. No sé cuánto obedecer a la imposición de las diversas responsabilidades del viajante y cuánto obviar los medios en aras de mantener el apego a mis valores y apreciaciones. Respiramos un momento para bajarme la cólera mientras revisamos las artesanías alrededor del pueblo. Una blusa bordada a mano a 50 pesos me deja con los mismos dilemas que le reclamo a los viejos enjachadores de la Iglesia de Chamula. No sé si comprarlo hace un bien o si es un descaro inconsecuente. La insistencia de las señoras me suena a que hay alguien en casa que ocupa esa plata. una de cal, otra de arena, baila el ying yang nuevamente. Pasar de un canto o un om a batallas mentales contra un sistema operante. Con todo eso, le damos cierto fin al día y un inicio de nuevo a una noche de diálogo.

Hoy descansamos quizás de esto o quizás del viaje completo, pero pasamos mediodía entre cobijas, desayuno y unas charlas constantemente intermitentes. El plan del día es salir a San Cristóbal a terminar de hacer un breve repaso por las calles del pueblo. El tiempo acá no va jamás a ser suficiente ni para San Cris y mucho menos para Chiapas completo. La deuda queda para recorrerlo ampliamente.

Por las horas restantes y a sabiendas de que'l colonialismo del paisaje de estas calles me es irrelevante y hasta algo chocante, me dedico a buscar aquello que se encuentra permeado sobre o adentro de las paredes d'estas casas. Al final tengo un recorrido visual de graffiti tras otro. Para eso cargué toda una entrada de fotos aparte.

Tratamos de encontrar un balance entre pastas hechas a mano en restaurantes italianos por 250 pesos y los elotes que venden locales a 10 en bici-puestos al lado de la calle. Un hombre mexicano profesor de literatura nos ofrece un postre vegano en medio de un chorro de juicios sobre su propia cultura. Habla sin parar y sin preguntar si quiero escucharle. Evidentemente, escucho con atención como algo recetado forzosamente por la vida de alguna manera. "son como animales y no saben atender a la gente" me habla sobre las personas originarias que él bien sabe que hablan diversas lenguas posibles. Aún no me da el valor para pedirle que aprecie la riqueza que le rodea. Lo que han oído varios mexicanos sobre Costa Rica ha sido sobre el chico que mataron por grabar al viejo acosador callejero, sobre la vaca que metieron en un taxi y sobre los animales en nuestros billetes.

La noche al regreso nos depara aún una mejor mesa de precioso convivio. Horneamos hoy un pastel de espinaca en retribución y despedida con los chicos de la casa, pero a esto se nos une un chileno. Además de ser un oasis sonriente de paz, en medio de su larga barba y extenso cabello, nos aporta a la mesa un riquísimo diálogo sobre comparaciones internacionales. Desde Chile ha venido subiendo en moto a parar por acá un tiempo. Desde las 7 hasta la medianoche pasamos lxs 5 hablando de toda América - y Europa - completa. Las enseñanzas verdaderas me han calado mucho en relación con las experiencias de intercambio cultural que me regalan aquellas personas que tienen la dadivosa y desinteresada costumbre de hospedar gente viajera.

Mientras tanto, algo que no sabemos es qué nos espera mañana. El recorrido final no nos es nada claro. Por ahorita, entre Toniná y Palenque a algo le acertaremos. Ahí que la vida nos dicte para adónde y por dónde migraremos.