Friday, July 29, 2016

Últimas vacaciones de medio año en la EAD UCR

Ojalá sean las últimas;
Al menos de medio año.
Para el próximo año espero estar lejos de aquí,
en algún la'o,
de alguna manera.

Cuando pienso que llevo 33 años de pasearme por la misma calle principal
(que es la única que lleva a mi casa),
a veces mi cerebro contempla el impulso de tirarme de la moto y causarme un accidente.
Para así hacer algo
ALGO
por dejar de estar viendo cada día estas mismas calles y siempre la misma gente.

En la vida hay que agradecer y ese conocimiento y costumbre no es la excepción de ninguna forma.

Entonces agradezco y sigo; sin tomar acción alguna sobre lo que mi cerebro alucina.

Poco a poco sigo postergando los días de vivir en Mata de Plátano.

El otro lado de mí pega posters en las calles llamando a la comunidad a hacer teatro.
En mi sala.
No en mi casa, sino también en mi patio.
Y es que el amor por este lugar también me es infinito.
Porque sólo esto conozco,
pero a la vez pertenezco a miles de otros lugares que he conocido a lo largo de la vida.

Cuesta tomar conciencia
cuando una ha tenido privilegios
de que lo que dice, hace o piensa no es lo hegemónico para mucha gente.

No sé qué culpa tengo de conocer a una persona que quiere ser mi abuela en otro lugar del planeta.
Lo único que puedo hacer es agradecer y tomar nota:
"No todo el mundo tiene abuelas adoptivas que se mueren por hacerle un chocolate en otros lados del orbe"
Y a la vez saber que lo podríamos tener todes.
Si nos dejáramos saber que viajar es cuestión de disponerse a irse.
A la par a la pulpe o a la par al país vecino o a la par al país del otro lado del charco.
Mayor cantidad de plata hemos gastado si contabilizamos cada entrada al cine o cada caja de cartón llena de palomitas dulces, saladas o mixtas.
La cantidad de coca colas diarias o el baguette con La Nación que le llegan a dejar en bolsa a la casa.

Estuve en Playa Negra, Avellanas y Tamarindo esta semana pasada.
De viernes a jueves, decía el itinerario de viaje.
A uno le parecía mucho, a mí me parecía justo.
Al final me parecía mucho, quizás a él se le hacía lo justo.

Las cosas cambian.
La gente cambia.
Yo cambio.
Me permito cambiar, porque sólo así seguiré creciendo.
Sólo así puedo ir mutando.
Y, en lo que cambio, permanecer yo misma.
Siempre yo, buscando en todo lado o en toda parte.

No me encuentro
Entre los rótulos de monos y Sharky's de Tamarindo.
No me encuentro
en las olas de 4 metros que toman los surfos
No me encuentro
en un copo sin leche pinito que le compro al "viejo guanaco"
No me encuentro

Porque lamentablemente soy todo eso
a pesar de lo que quiero y deseo ver en el mundo.

una playa con eco-turismo sostenible.
¿es tan difícil eso?
Reciclaje y compost como componentes esenciales de los materiales de desecho de cada casa, restaurante o bar del orbe.
Niñes como prioridades de la humanidad entera.
Adultes mayores - en vez de pedófilxs - apreciades y valorades como gente sabia que no sólo juega en el casino y busca mujeres jóvenes para cogérselas.
Bares con barra libre donde la piña sea orgánica,
porque también se vale salir y no pegarse la fiesta hasta quedar noqueada vomitando.
Porque también se vale salir y no quedar asqueada
casi vomitando
por ver el mundo que hace de Costa Rica un lugar más de comercio, perdición, explotación de bienes hídricos, naturales, inmuebles y muebles a punta de los recursos naturales que nuestros dirigentes actuales o pasados han regalado libremente sin siquiera la consideración de pedir algo a cambio para el pueblo que ciegamente les re-elige.
"Que no me de un cancer o un tumor cerebral pronto,"
me paso recordando;
porque mi cabeza navega muy lejos de donde tengo el cuerpo cada vez que me sumerjo en algo más que una ola de pura agua salada que me lava lo más íntimo de mi vientre.
Me permito revolcarme con la fuerza de la corriente a ver si acaso se me lava la conciencia de lo mucho que otres sólo buscan lavar dinero.
Busco en el horizonte otra lancha o panga local entre 15 catamaranes,
porque hay una parte de mí que quisiera dejar de pensar en el chiquito que roba billeteras o trafica algo más que el prefijo de la coca cola que le dan a cambio.
Privilegios de clase alta el ser letrades de primera clase en las mejores academias del mundo.
A menos que sea talentosx o brillante, en cuyo caso puede optar por becas limitadas para unos ciertos porcentajes de gente.
Caer en cuenta que debo hacer las paces.
No sólo con esto,
sino con lo que el mundo ha decidido hacer, de mí y de nuestro lugar, en este planeta tierra.

Wednesday, July 6, 2016

Cuando cierra el semestre...

Le pedí a mi cuerpo que aguantara hasta mañana...
Llevamos semanas en éstas
Cuidándome y descuidándome la esencia
pura y natural
de un cuerpo de hueso 
y alguna manteca con carne

Le pedí al cerebro que parara

A veces pudo
Muchas veces no le dio la gana

Le pedí a la vida que me apañara
Me cacheteó
Y luego me tendió la cama

Le pedí al cuerpo que revitalizara
Me dijo que no
Que hoy es tiempo de descanso
de ser feliz

De estar conmigo un buen rato

Lo que pasa es que apuesto que Beckett no tenía una esposa que, cuando llegaba a la casa, le dijera que su intento no había sido lo suficientemente feminista

Monday, June 27, 2016

27 de junio del 2880

pareciera que la que sabe actuar es ella
poses perfectas con el sentimiento al fondo
la imagen perfecta
pero no entiendo cómo pasa
cuando ahí yo no quería, siquiera, estarle dando un beso
¡Y aún así sabernos tan enamoradas!
Suena como si escribiera un poema de amor
Y la verdad no es eso
No está ni cerca de ser eso
Porque eso implicaría una cursilería
La amo sin la rima que no me exije ni espera
Porque sabe por dentro de sí - como si fuera mi hígado,
Lo mucho que tampoco me importa
Andar por la calle siendo un payaso
O si quiero venir a casa y llorar toda la noche
Ayer salí de la casa porque no puedo no querer verla
un domingo
toda la tarde
mientras ella sale y vende brownies
"Y hasta en eso siento que camino acompañada" decían mis votos.
Sobre otra cosa. Otra cosa totalmente.
Pero sigue resignificando en la multiplicidad de los contextos
sigue significando en la eternidad del momento.
"She's mine" decía
No yo
Ni ella
El rótulo que nos propusieron cuando nos pedían que posáramos.
Quisiera recordar la extensión exacta de mi músculo facial izquierdo para poder algún día,
Quizás
replicar ese gesto en el teatro.
Porque ese tipo de risa sarcástica que quisiera decir algo entre "me está jodiendo?" y "ah! perdón! Es que usted aún cree que poseernos como animalitos es lo más progre que ha visto en su vida!" no la encuentro con naturalidad en la cotidianeidad de mi entorno. Por dicha.
Y al rato sí; al rato ya es tan normal que me nazca que he aprendido hasta a tratar de determinar cómo es que jalo el músculo para poder reproducir el movimiento - sin estar actuando. 
Y darme chance antes de mandar a comer mierda a alguien
Agradecer poder decir "nosotras no nos poseemos"y seguir adelante. 
porque razones para pensarlo me han sobrado en la vida
y eso creo que es lo más lamentable del asunto.
¡ojalá nunca tuviéramos que estar actuando!
como esa otra foto; ésa que sí comparto.
que me sorprende que se vea como lo hace porque no fue más que un momento.
un instante en donde permití
tras inevitablemente cuestionar sus intenciones
que se me fotografiara para impactar gente
como una lata de atún
"dénse un beso para ver si alguien entiende" podría haber dicho menos sutilmente la comanda
Somos gente. y a mí me duele pensar que nos matan porque la persona que tenemos al frente comparte hasta la noción de los genitales, tal cual son o como se quieren, con unx.
Pero es que quien nos mata (con pistolas o con burlas, con el 'playo' en la mejenga o la homofobia al 100%)
yo creo que ese homicida no comprende eso
o lo entiende demasiado
Me da tristeza y muchísima lástima ver gente tomándole fotos a lxs drags como si fueran marionetas.
no quienes se entiende que comparten, esa gente no.
"los otros"
quienes lo hacen por burlarse y pecaminarse
así como me tildo yo y me tildan a mí ellos.
Y es que entrar en ese juego de
"decíme porque te mando"
es precisamente lo que me roba la paciencia.
y si se pierde eso, lentamente se va perdiendo la vida.
somos gente.
caminando por la calle un día.
nada más que, para hacerlo, al menos un día al año hay que ir a ponerse coloretes y estar felices de lo que sobrevivimos los otros 364 días del año. y éste. Inclusive éste. Especialmente éste día.
hay un día en que nos abren las calles para que desfilemos.
¡Pero no es una pasarela la intención de la cosa!
Es una concientización al final del día
de alguien
quien sea.
pero que lo piense.
Y yo no sé cómo controlar, manipular ni juzgar eso. 
Si quieren desfilar de mil maneras diferentes...
¡que lo hagan!
Pero que a mí no me encasillen ni a lo interno de la comunidad por pensar lo que siento y sentir lo que pienso
nunca
en ningún momento dado.
porque en lo que estamos todes
es viendo a ver cómo vivimos.

Orlando could've been me.
your son.
your nephew
or your daughter.

I am someone else's sister, daughter, aunt and soon-to-be mother.
I already am many people's something or other.
Y por eso yo no entiendo....
¿Qué nos para de haber sido Orlando?
¿Qué hace usted para que a su hijx, hermanx, tíx o nietx no le maten mañana cuando sale a un bar a tomarse una birra; o le griten nombres en la calle porque se está riendo a su manera - de la manera en la que sea? Y no es cortar derechos y posibilidades; muy al contrario, se trata de abrirlas.
y dejar que cada quien se defina
(¡u ojalá no lo haga nunca!) 
y también ojalá algún día
sea quien quiera ser
más allá de categorías, razas, géneros, placeres y privilegios
muchísimo más lejos que de un simple asunto de "clase"
Ojalá, 
a leguas de toda la eterna cadena de los miles de síntomas de nuestros diarios cánceres sistémicos, encontremos nuevas maneras de entendernos 
lejos de estas bellas,
pero también podridas 
sociedades.

Sunday, May 1, 2016

Director's decisions: starting to feel the angst and bitterness of making decisions

I've failed.
In trying to be selfish for once.
turns out I needed to fail, I guess.
Thinking solely of myself has never ever made me happy.
It has sometimes made me miserable to think how my lack of selfishness has often translated as people's open door to inflict upon me whatever it is that comes out of their experience, their present and hearts.
at least now i learn I have never regretted anything anyone has ever done on me. cuz in some way i needed the experience.
to grow
to face myself
to lead my own living

it had been a while since I had last felt this miserable.
i've cried. my heart and ears out.
i've been sad for days, my energy on the ground, trying to revive it.
sometimes i find it.
sometimes i lose it.
sometimes it just comes to me.
i've learned so much from this! for as close as i was to being fully at ease in my head and heart knowing I had not purposely wronged anyone for as long as I can remember, it only takes a couple of ill decisions to change that. any second. any minute. at any given moment.
whether i want it or not
purposely, or without knowing what you were doing.
i've wronged.
for whatever the reasons, the truth is
i've failed.

i've failed.

one of my masters says "fail harder"
masters I can have many
I can make of anyone
I can find anywhere
people are brilliant if they let themselves shine their essence out into the world.

but

i've wronged
i've failed
and i've done so at the expense of others.
as a vehicle, some say.
to even karma.
as a vehicle, I say.
not even for karma.
and that's how i keep learning
of life's "bigger" purposes.
of living
failing
and how there's nothing left
but to keep trying.

to breathe.

-inhale.
exhale.-

keep living.
for as long as there's life, your purpose is still on its way to absolute, utter and magical fulfillment.
your purpose is already on the course of its magical fulfillment.
you are the course of your very own fulfillment.
you
here
now
are the very manifestation
of magical universal fulfillment.

Monday, April 25, 2016

Las luchas, los sueños y las cosas

Hace unos meses desconocía cómo era Nicaragua, Honduras, El Salvador o México.

Había cruzado Calais, tomado birra con agricultores de cerveza dentro de sus propias tierras alemanas en completo habla de su idioma, sabía lo que era llamarle hermana a una chica rubia y con pecas a quien luego le mostraba Punta Leona a mis escasos 15 o 16 años, pero no había jamás comido pupusas palmeadas por una señora o chicos en algún barrio salvadoreño. Recuerdo que mi grupo de clase se negó a ir a Nicaragua cuando era hora de nuestro propio turno en el intercambio colegial de ese año. Y mis profesores lo permitieron. Y las madres y los padres. Y toda la gente.

Así, crecí desconociendo cómo se veía San Pedro Sula, adónde era que estaban realmente los restos de los mayas y adónde los de los incas, cómo sabía un maíz con tomate y chile en una mazorca en las calles de Chiapas y cómo se transformaba el sereno en niebla en las montañas del Quiché.  Pero ya para mi adultez joven me había esmerado en tener bien grabada en la mente y en mi propia carne la diferencia entre un invierno y un otoño o verano en Central Park o cómo se sentía bajarse del metro y salir a los meros Champs Elysées. Sentía placer de poder respirar los aires fríos de la afamadísima Europa y veía los viajes a Guate como las vacaciones baratas que me podía pagar con un sueldito mínimo mientras me explotaban en el 9no piso de Torre Mercedes.

Y hoy aún desconozco Perú, me falta ir a Cochabamba, ir a meterme a las cordilleras andinas y compartir con mi gente.

Porque no es que mis amigos en Kenya me signifiquen para nada menos que mis excompañeres alemanes o que doña Lidia en su casa de madera y tierra en el bello Somoto en Nicaragua. En lo más mínimo.

Pero, al rato, si cada une se ocupara de su pedacito más cercano de tierra, tendríamos un planeta un poquito más equilibrado.

Quizás sea una buena, *aunque no única*, manera.

Yo me encargo de a poquitos y a como pueda de compartir un rato con lxs niñxs de Ipís buscando sacarles una sonrisa o un ratito lejos de su amargura y que mis compas en Kenya sigan luchando por llevar mejores oportunidades a sus pueblos.

¿Qué hace usted por lxs suyxs?

Llevar galletas en la guantera del carro - al menos - para quien le va a pedir en Chepe Centro es algo, pero no es suficiente. No se vale agarrarse de la excusa de la furia que tienen quienes viven en la calle para dejar de seguir intentando ser solidaries con quien convivimos.

Por cada persona que gana más de 200 mil pesos mensuales - sin ahondar siquiera en los flujos de mayores excedentes de dinero a cambio de trabajos, cuando mínimo, sumamente demandantes -, creáme que hay alguien en algún lugar que no sabe cómo le va a dar de comer a sus hijxs hoy en la noche. No en Algeria o en Siria (aunque bien que estamos mal por allá todavía). ¡No!

Ahí, en las afueritas de Los Yoses, de Trejos, de Moravia o de Guada.

Por todo lado hay gente que vive al margen de los privilegios que a muches de nosotres nos fueron inculcados como oportunidades naturales de nuestra clase; sea la que sea la clase en la que nacimos. El concepto de una clase social - que recuerdo me enseñaba mi padre a mis escasos 9 años - es una teoría e historia muy conveniente para que usted se sienta en el derecho de gastarse 600 dólares en un spa en Francia si le diera la gana. Y para que quien rebusca en los basureros se sienta en el derecho de metérsele a robar a su casa a ver si por lo menos recobra un poco de lo que a usted le sobra para poder ver cómo hace para seguir su camino en la vida. ¿Qué tal si igual me voy por el spa a un lugar donde reclamo que tengan un negocio sostenible con el medio ambiente, en donde la gente que me trabaja el cuerpo también tenga chance de cuidarse el suyo, de jugar con sus hijxs, de ser feliz y aún así venir a masajearme? Y si luego quizás me voy a comprar en la feria del agricultor - ojalá orgánica - ¿en vez del Automercado? Digo esto por más que comprendo y aprecie quizás de manera semi-agria el todavía poder ir al Auto de vez en cuando en busca de aquello que no encuentro en ningún otro lado, como ese Tahini de Macedonia, el chocolate belga o la mostaza orgullosa y originalmente alemana. Digo...son maneras. Pequeñas. Minuciosas. Obsesivas, quizás. Pero es que....no sé si realmente hemos caído en cuenta que la cancha de futbol 5 con el césped sintético es tan parte de Monsanto como una naranja orgánica que le compro al mae de los cerros de no sé ni dónde (¡reina y abunda de nuevo mi ignorancia!) va de la mano con el potrero de fútbol donde no me cobran por tirar una bola a jugar en cualquier parque o potrero de una comunidad un rato. Que la mostaza en planta es quizás más rica que la semilla que me vendieron ayer en vino blanco en un tarrito o que puedo disfrutar de un Frey o Guylian cuando también me compro una barra de chocolate vegano a un productor "artesanal" (sin menosprecio, sino con el respeto propio de la palabra "artesano") a un mae en una feria. Un mae, a quien, además, amo. En vez de una caja con un sello industrial de una maquila en México bajo la bandera de una empresa suiza, belga, francesa o italiana.

Si algo he descubierto dándome el rotundo lujo de dejar un brete de 4 cifras gringas por un depósito de 5 numerales ticos de la UCR es que la vida puede ser mucho más simple, pero exponencialmente más feliz si tan sólo me dedico a irme de nuevo a mis raíces. No lo pretendo como una lección, como un regaño (¿qué autoridad tengo yo para eso????) ni como lectura para que alguien ponga unas barbas en remojo - que bien me molesta esa estúpida frase sexista, todavía. Realmente sólo escribo, sin mucho pensar, sobre todo aquello que me circula en la mente en estos 3 minutos de no ir a la U y quedarme en casa regando las plantas. Porque todo significa, pero a veces hay cosas que nos llaman. Y esta lucha que me ando en necesidad de abrirme el corazón a un mundo mucho más ameno es una de tantas ellas. Sólo pienso que sería lindo que fuéramos más personas en éstas desde pequeñisisísimos cambios en nuestro diario cotidiano, porque realmente nada nos cuesta y mucho nos regala de vuelta en la enorme retrospectiva de una vida con sentido en la tierra.

Saturday, February 20, 2016

20 de febrero - un día cualquiera

He hecho kundalini con una persona que abre su casa para quien quiera y crea. a cambio de nada. con constantes regañadas de que no necesito llevarle ni hacer nada por compensarle su bellísimo esfuerzo.

Con la práctica, más y más ventanas se abren. Las ventanas de las cuales nos hablaba Mario en La Burbuja;

las ventanas del alma.

Nuestra pared ahora tiene un muro con un(a) bellx caracol(a).

"Semilla" he decidido ponerle. Y la propuesta me la aceptan en la casa.

Estamos trabajando en la Semilla de abrir clases de yoga, teatro para niñxs, manualidades, quehaceres, saberes y compartires.

El jardín va creciendo y las siembras las hemos ido repartiendo. Salimos a otros jardines, a unirnos con las comunidades.

La comunidad de nuestro distrito está activa y poco han ocupado para irse activando las comuniones. Un grupo en whatsapp, un poco de amor a las redes sociales y los proyectos comunitarios han ido floreciendo por su bella y aceleradísima fuerza. Entre seguridad, ecología y oportunidades sociales, poco a poco se van uniendo y creciendo.

He ido moldeando el exceso de libros en mi casa a una biblioteca. Ahora que sirva para que la gente venga, saque libros y se lxs lleve. Abrimos el intercambio y fomentamos el trueque de todas las maneras posibles.

¡Acérquense! ¡Vengan! No necesitan nada más que el tiempo y las ganas. Aquí las cosas solas que vayan surgiendo.

Wednesday, February 10, 2016

8 al 10 de febrero

8 de febrero

Nos ganan en levantarse a las 6 de la mañana para salir a la capital de este país tan compreso.
Tipo 7 se activa la burbuja; tiempo suficiente para bañarme, que Jime despierte, y poder despedirnos al menos de uno que otro chico antes de zarpar a la calle.
Buscando el buenos días y hasta luego con uno, se reactiva la burbuja completa. Todes salen a despedirnos a las hamacas y los sillones.
No nos vamos sin antes firmar el libro de couches.
Un abrazo a cada uno; uno tras otro. Es algo así lo que se suponía que se sintiera levantarse a recibir el título para finalmente graduarse. Nos sentimos benditas en la salida a nuestro regreso.
Tres buses y llegaremos al Metro (diminutivo para Metrocentro) - sea lo que sea que eso significa.
Tomamos el bus de las 8 desde La Ceiba; otro bus amarillito en donde yo le iría abriendo, cual asistente de chofer, la puerta amarilla a la gente.
Parque San Martín es lo que buscamos primero. A dos cuadras del mercado, me adentro a buscarlo entre la anonimia del gorrito de mi sweater negra. En pleno sol de la mañana.
Al pasar entre las verduleras, le he de haber hecho ojos melosos al canasto de mandarinas.
Cuando llego a comprar sólo 1 para desbabearme en el camino, la señora/muchacha me la da a cambio de nada.
"¡a'i iévesela!"
- nono, pero cuánto cuesta? de veras!
- ¡A'I IÉVESELA! la misma insistencia en rechazo de un menosprecio que me hiciera un marero unos días antes, pero esta vez del otro lado de la increíble solidaridad abundante.
Metrocentro terminó siendo un mall enorme. Suficiente para que mi esposa tome café con un postre de mil hojas para sacarse su antojo antes de volver a casa. Para eso y para buscar wi-fi para hablar con la chica que hoy en la mañana en su casa nos espera.
10 y media, aproximadamente, vamos caminando entre Avenida Izalo y la Universitaria. El cruce de caminos mismo lo anuncia; esta zona es mucho más tranquila como lo académico e histórico demandan. La frescura del aire menos violento se percibe desde antes de las gradas del bus del cual bajamos y se confirma tras bajarlas completamente con el vendedor de frutas que sin un hola amablemente nos ubica, nos sonríe y nos guía.
Tenía un clavo aún del viaje en relación con los zapatistas. No pasaría ni media hora hablando con Nico, la chica que nos recibe con portones abiertos y llaves en su casa, cuando ya la bella me facilitaría los libros de texto de la segunda generación de la escuelita. Paso la tarde en una sala acogedora viendo video tras otro de cada una de las caracolas. El almuerzo es vegano taiwanés de una señora como a dos cuadras. No hay mucho más que una pueda pedirle a la vida.
El atardecer lo buscamos en un mirador al cual nos fuimos caminando. Tres chicas a pie y solas por las calles de San Salvador; ése es el orgullo que me deja Nico de toda su estadía.
Comimos platos típicos - uno tras otro - hasta decir que no podíamos más con un simple bocado más del todo. El elote loco de El Salvador estaba un poco más cargado de salsas que el de diez pesos de Chiapas. No se trata de comparar, y esa lección todavía nos cuesta.
Los aprovecho tal cual y dejo de tratar de describirlos.
Dejamos la vista de la ciudad con sus lucecitas prendidas en medio de onduladas montañas.
Finalmente otra cosa que quiere mi esposa se le cumple sin mucho esfuerzo más que el pensarlas:
Nico nos lleva a un bar LGBTQI que queda por su casa.
Entre ventanas que han sido quebradas (si por pedrada o por pleito me queda pendiente de confirmar), unas cuantas banderas de la comunidad y una mesa de pool, somos parte de las escasas 10 o 13 personas en el bar.
La vida nos la hemos contado entre Nico, Jime y yo de manera completa. Sueños, recorridos, aventuras y conocidos. Las horas pasan rápido y a la vez lentamente entre tanta conversa. El día termina temprano con 3 almas bien encamadas.
Capuccino y Botón, los gatos hermanos de la casa, del pelaje de mi gato Gabri me hacen sentirme cada vez más cerca de casa.

9 de febrero

Pensamos las 3 estar levantadas tipo 7. Hablamos todas muy matonas. 8:40 y se van oyendo las puertas. Un desayuno entre jugo de naranja recién exprimido, avena con frutas y miles de especies, tortillas recién palmadas y un aguacate con limón, sal y el té que cada una quisiera nos hace contarnos los sueños de la noche anterior y aquellas visiones de vida. Un poco sobre El Salvador y Cuba, otro poco sobre Costa Rica, Francia u Honduras. A cada una se le despiertan los intereses que más le resuenan.
Dejamos a Nico trabajar un rato antes de salir al mercado. Aunque nos han dicho que no se hace, a ella no se le hace mayor bola. Nos vamos al centro a ver la catedral, el teatro nacional, el mercado y la gente. El único daño posible es el psicológico gracias al acoso callejero, pero de eso que se libre quien pueda en las maneras que lo logre. Es claro que nosotres en eso no hemos avanzado lo suficiente.
Caminamos entre relojes, lámparas, cámaras y teléfonos viejos; entre artesanías nuevas y útiles escolares a rebaja casi en media calle. Legítima hora de gastar los últimos cincos de más en comprar algunas deudas personales o colectivas. Cuatro huacales de morro nos recordarán el chilate de anoche y darán a la casa un poquito de sabor de tantas comidas compartidas que nos han dado en la vida.
Nico camina y camina con calles sin descanso. Pregunta direcciones y avanza a paso firme, pero pausado, entre las tiendas del mero centro. En una puertita del viejo edificio simán se mete a un vegetariano con un menú completo de comida vegana. No sé cómo, pero lo logra de nuevo. Entre plantas medicinales y esencias que se venden en un mostrador al lado, una señora me sirve un té hirviendo de moringa. Justo lo que ocupo para poder seguir caminando. La precaución completa del viaje la resumo en tener la delicadeza de ponerme un gorrito de lana en el sol de mediodía para evitar cualquier otro problema con cualquier mara. Esa es mi honra a la cantidad de comentarios de preocupación de la gente. Una anda sola pero no es que no tiene vida y gente que le espera. Apenas tomamos el bus de vuelta a casa, el gorrito se guarda y comienza la aceleradera. Dollar City me da libros a precios bajos sobre autores salvadoreños que hace rato ando buscando. Se llena de libros de teatro tan valiosos que ahora entiendo por qué no se encuentra en ningún otro lado. La biblioteca de esta tienda es mejor a las bibliotecas regionales que hemos visitado. Le buscamos el hueco a la piñata de Nico para un novio en vísperas de cumpleaños y de ahí es hacer maletas para tirarnos a lo que llamo "la última aventura del viaje".
Las recomendaciones por gente en la cual confiamos, Nico incluída, es arduamente tomar el taxi para llegar al aeropuerto. Según nos explican, carretera al aeropuerto es la ruta que se toma para ir a las "zonas" más concurridas por maras. Son sus hogares y tienen tanto derecho a tránsito en las tarde-noches como el resto de la gente en toda esta ciudad y país. Las probabilidades son que las maletas de turistas en una línea de bus que va a aeropuerto se tiren más hacia el lado de un poco gustoso asalto. El costo rebajado de un taxi a aeropuerto es de $25 USD. Eso o $27. Algunos hoteles cobran $45, $35 o $20 con adelantos y aviso antes de tiempo.
El bus público en El Salvador ha sido el más barato de toda la región que visitamos. $0.20, $0,60 o no más de $1,20 ya sea a playa, dentro de la ciudad, rutas cortas o lejanas. Pagar $25 por un taxi nos suena a un monumental aumento de costos y a una privación de usar los medios populares.
"nos mandamos a darle" decimos al decidir tirarnos a ver cómo es la cosa.
Salimos con comida empacada por Nico para comer en el aeropuerto, un detalle único en la travesía completa que queremos reciprocar a quienes vengan luego a quedarse en casa.
Por primera vez, caminamos con los pasaportes en la bolsa del pantalón de cada una. Si nos asaltan o algo, lo único que ocupamos es poder llegar al vuelo.
Es paja que a una no se le hace un cierto nudillo en la garganta bus tras otro al saber a lo que se está arriesgando. Se necesita un trabajo mental individual de resistencia por no sucumbir a los pensamientos que jalan todos esos miedos que no aportan nada positivo. Es una auto-inyección de insulina anti-amedrantamientos internos y un supositorio nasal de aires de confianza, aún, en aquello que salimos a buscar desde que abrimos la puerta de nuestra casa. Por Centroamérica se tiene que poder viajar todavía. Si nos pasa algo al final, que eso sea lo que sea.
Muy al contrario, llegamos con ayuda de la gente, con sonrisas, campos donados y mucho cuido. Aparte de llegar hora y media tarde de las 3 horas para vuelos internacionales (tiempo en exceso, además, para un aeropuerto tan chiquito), no sufrimos más que el dolor de saber que no mandé la navaja suiza en el equipaje. La que nos habría ayudado a pelar más de un aguacate, cortar una que otra papaya, la que lavamos en uno que otro lago..... Ahora queda en manos de algún trabajador aeroportuario.
Arvejas, banano, papaya y un mix de Diana....abordamos un avión en el cual vaciaron dos vuelos poco eficientemente programados.
Mis suegros nos recogen a recordarme del pelo que lo ando hecho un cucurucho de nombres de fábula. El entumecimiento es grande ante el cansancio, pero las horas nos agarran hasta tarde poniéndonos al día con todo lo que ha pasado en la casa.
No duramos mucho en darnos cuenta que el trabajo apenas comienza. Que la vida nos espera con un viaje que no termina en vaciar las maletas de la puerta. Muy al contrario, ahora lo que falta es poner todo en práctica.

10 de febrero

Los chicos se levantan mucho antes de las 8. Desde entonces estamos arreglando, revitalizando, reforzando y remoldeando cuestiones en la casa.
Trueques, posibilidades, muchas oportunidades para aumentar el bienestar de muchísimas personas.
Cada gesto, cada costumbre, cada explicación dada.......de todo nos impregnamos un poquito para ir haciendo mejoras a nuestra casa. Estamos a la espera de una serie de invitados. ¡No invitadxs! Miento. Ahora nos preparamos para empezar a ver cómo se cosecha esas siembras de redes y hermandades que hicimos a lo largo de un movido, gozado y sufrido camino.
Ahora tengo una lista de cosas enormes, de la cual me encargo hoy en una pequeña, pero gran parte.
Arúgula, que pensaba iba a estar muerta, hoy se pone a trueque con los tallos más grandes y fuertes que jamás yo le haya visto. Salen muebles, se reacomodan tuberías, ¡seguimos avanzando!

La tarde-noche me agarra entre el abrazo de sueño de mi sobrina y un paraguayo que me abre los ojos a la realidad paraguaya de derechos LGBTQI y su relación con el teatro.
Estoy de vuelta en Costa Rica, pero aún no he aterrizado. Porque yo ya no soy hija sólo de esta tierra, sino de todos los países que desde el principio y ahora más que nunca conozco como mis tierras hermanas.
La vida me trae hecha otra y yo digo que qué rico poder ir soltando esos cascarones.
A brillar, a bretear, que América Latina nos espera.